6 de noviembre 2007 - 00:00
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Gracias a ello, investigadores del Museo de Ciencias Naturales de La Plata lograron rescatar del basural los preciados restos de los dos gliptodontes.
En el mismo lugar, pero a sólo dos metros de la superficie, los investigadores de la división de Paleontología de Vertebrados del Museo local dieron con el segundo espécimen en un estado de conservación aún mejor.
"Estaba bastante completo, encontramos la coraza, el cráneo y la mandíbula", contó Esteban Soibelzon, uno de los miembros del equipo platense que trabajó tres días para extraer las piezas y llevarlas luego al Museo.
"Los restos tendrían por lo menos 780 mil años de antigüedad. Cuánto exactamente, no lo podemos decir con precisión, pero calculamos que estos gliptodontes quizás hayan vivido hace un millón de años", dijo Soibelzon.
Técnicos del Museo de Ciencias Naturales de La Plata, en tanto, trabajan ahora en la reconstrucción de los restos descubiertos.
"Tal vez en un futuro sean expuestos al público como parte de la colección de gliptodontes que puede verse hoy", especularon fuentes de ese centro.
Los gliptodontes fueron mamíferos que llegaron a medir hasta cuatro metros de largo, y a pesar cerca de dos toneladas.
Su cuerpo estaba protegido por una coraza semejante a la de un quirquincho, especie con la que se emparentan, aunque pertenecen a distintos grupos.
Los investigadores creen que, por ser animales tan grandes y con una movilidad reducida, no cavaban madrigueras, como lo hacen hoy los peludos, sino que vivían a la intemperie, como el ganado.
Originarios de Sudamérica, los gliptodontes habrían emigrado luego hacia el norte (al actual territorio de Estados Unidos) y antes de extinguirse, hace unos diez mil años, convivieron con el hombre prehistórico sudamericano, que además los cazó.
El primer hallazgo de un gliptodonte, y el primero de los restos fósiles encontrados en Argentina, fue realizado en 1760 por el jesuita inglés Thomas Falkner, a orillas del río Carcarañá, en Santa Fe.
Florentino Ameghino creía que el caparazón de los gliptodontes pudo haber sido utilizado por los paleoaborígenes a modo de carpa, tal como lo representa una pintura existente en el Museo de Ciencias Naturales de esta ciudad.




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