“Diez años es un montón de tiempo. Miro hacia atrás y son muchas las cosas que hemos hecho, parece que se nos fue el tiempo de las manos casi sin darnos cuenta”. La que habla es Vanesa Orieta, hermana de Luciano Arruga. El próximo 28 de febrero, el joven al que su familia y amigos vieron por última vez un 31 de enero, pero de 2009, cumpliría 27 años.
A 10 años de la desaparición de Luciano Arruga, la familia ratifica que "no fue un hecho aislado"
Lo dijo en una entrevista a ámbito.com Vanesa Orieta, la hermana del joven que fue visto con vida por última vez el 31 de enero de 2009. Contó el estado de la causa e hizo un balance de diez años de lucha.
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Durante la última década los amigos y amigas de Luciano tuvieron hijos y formaron sus familias, y muchos de ellos acompañaron el último fin de semana la movilización que se hizo en Lomas del Mirador para conmemorar al adolescente, pero también para exigir justicia.
“En estos diez años pasamos por un montón de estados. Es tremendamente tortuoso estar pensando hora a hora, día a día, semana a semana, año tras año que esa persona no aparece, qué pasó, dónde está”, reflexiona Vanesa Orieta en diálogo con ámbito.com desde el espacio recuperado “Luciano Arruga”, donde alguna vez funcionó el destacamento donde fue detenido.
Para Vanesa, cuando una persona pasa por una situación como la suya, "puede morir de tristeza o fortalecerse". A ella, le tocó la segunda. "En lo personal estoy en un momento de sanación, pero sin banalizar esa palabra, mirando un largo recorrido, observando todo lo que hemos hecho, poniendo en una balanza todo lo bueno y lo malo de estos diez años, cada una de las acciones, dándome cuenta de lo que fueron estos diez años sin Luciano", comienza.
"Estoy entendiendo que bajo ningún punto de vista los familiares que pasamos por situaciones como esta tenemos que naturalizar nuestro día a día, porque la realidad es que nada vuelve a ser igual después de que se tortura, mata, o desaparece a un ser querido. No es tan sencillo saber cómo me siento, es algo muy complejo que merece mucha reflexión. Todo el tiempo se está luchando para poder estar bien", cuenta Vanesa.
Los hechos
El barrio 12 de Octubre es una parte de Lomas del Mirador. Todos lo llaman "La 12 de Octubre" porque asemeja a una pequeña villa, pero no lo es. La calle Perú divide al barrio de los chalets con tejas y porches.
Justamente es esta segunda zona donde vive Gabriel Lombardo, vecino y uno de los organizadores de VALMI (Vecinos en Alerta de Lomas del Mirador). Él fue uno de los impulsores de la creación del destacamento policial ubicado en la calle Indart, que se inauguró en 2007 con gran concurrencia de uniformados.
Dos villas dividen a Lomas del Mirador de las localidades linderas. La Santos Vega, ubicada en Juan Manuel de Rosas, le cuida la retaguardia de San Justo. Al frente, Las Antenas, una de las villas más grandes de La Matanza (junto con la 17 de noviembre y Puerta de Hierro), la separa de La Tablada.
Luciano y su grupo de amigos tenían su esquina favorita en Perú y Arriola, donde durante mucho tiempo supo estar su nombre grabado en el cemento. En 2008 un hombre que se presentó como policía le ofreció al adolescente "trabajar" para él. El trabajo consistía en robar los chalets previo a la "liberación" de la zona, una práctica común en el Conurbano bonaerense.
Sin antecedentes penales y menor de edad (presumiblemente más fácil para sacar de la cárcel) Luciano era el candidato ideal para el "trabajo". El policía le aseguró que algunos chicos de la Santos Vega ya lo hacían, y que con eso podía tener su plata. Pero el joven se negó, y allí comenzó el hostigamiento.
En septiembre de ese año, acusado de robar un mp3 Luciano es llevado al destacamento ubicado sobre la calle Indart, donde es salvajemente golpeado. Vanesa y su mamá fueron a buscarlo allí, y escucharon sus gritos.
Luego de ser liberado, el joven contaría a su hermana que el entonces policía bonaerense Julio Diego Torales fue quien le propinó los golpes mientras otros dos oficiales lo sostenían, al tiempo que lo amenazó con llevarlo a la comisaría 8va donde "estaban todos los violadores", y que supo ser durante la última dictadura cívico militar un centro clandestino de detención conocido como "El Sheraton".
El 31 de enero de 2009, luego de un año de ser perseguido por la Policía (quien seguía insistiendo en reclutarlo para delinquir) Luciano fue visto con vida por última vez por su mamá, Mónica Alegre, a quien avisó que se dirigía al cyber, para nunca más regresar.
Desde ese día su familia y amigos iniciaron una búsqueda para dar con el paradero de Luciano, señalando a la policía bonaerense como el principal sospechoso de su desaparición.
El 17 de octubre de 2014, el cuerpo del adolescente fue encontrado en el Cementerio de Chacarita, donde había sido enterrado como NN. La causa indica que falleció el 1 de febrero de 2009, atropellado por un auto cruzando la avenida General Paz, a la altura de Emilio Castro. De ahí fue trasladado al hospital Santojanni, donde murió. Si bien su familia lo buscó allí esa noche, en el centro de salud les informaron que no había nadie con sus características, pues Luciano fue registrado como un masculino de 25 años.
La principal sospecha es que fue arrollado mientras era perseguido por policías de Lomas del Mirador.
La causa
A diez años del caso, la causa todavía sigue en etapa de instrucción. “Avanzar rápidamente en un proceso de investigación hace que se pueda accionar en la Justicia. Eso nos está faltando”, afirma.
Para Vanesa, lo que le pasó a su hermano “no es un hecho aislado”, sino que se enmarca en “un modus operandi de la Policía en democracia”, algo que describe como una “metodología selectiva que instala primero la figura de un otro peligroso, que es el pobre, y después ese otro se convierte en alguien donde la sociedad descarga toda su violencia”. De esta manera, considera, es posible avanzar sobre otra problemática “que se ha instalado perfectamente bien, y es la de la inseguridad, que aterra y alarma a la gente”.
Hasta no hace mucho, Vanesa y su entorno sufrieron amenazas por parte de la Policía. “Ahora podemos ser menos amenazados, pero lo que se hizo, se hizo en el momento que se tenía que hacer tan bien que generaron el miedo exacto para que muchas de las personas que podrían haber sido importantes en la causa judicial hoy no puedan estar”, explicó. “Es parte de la estrategia que el barrio siga amenazado, porque si el miedo sigue operando, cualquiera que tenga un dato que pueda ser contundente para la causa, no lo va a decir”, añade.
Los familiares y amigos de Luciano Arruga entienden que el rol del testigo en las causas judiciales donde se denuncia la represión estatal es fundamental. Pero en paralelo con la importancia de sus testimonios, corre el riesgo de preservar su integridad física. La cara de Jorge Julio López, pintada en una de las paredes del Espacio para la Memoria Luciano Arruga, donde se hizo esta entrevista, es un claro ejemplo de ello.
“El lugar del testigo es muy sensible porque nosotros no podemos hacer nada para garantizar la seguridad a esa persona ni que su vida no corra peligro. Muchas veces terminamos casi pidiéndole a la Justicia que `no presionen más acá, no sigan insistiendo más en este lugar` porque no sabemos si a raíz de eso van a ser perseguidos”, argumenta.
El hallazgo del cuerpo de Luciano no necesariamente trajo paz para su familia. “Sin duda fue bueno para nosotros haberlo encontrado, para no seguir en la incertidumbre de no saber dónde está. Igualmente con mi familia encontramos restos, no lo encontramos en el momento justo. Ese cuerpo no pudo hablar de lo que sufrió, se pudo sacar muy poca información”, lamentó Vanesa.
Para ella, tener que reconocer a su hermano a través de sus huesos habla de “la perversidad de este sistema”. “Esa foto no se me va más de la cabeza”, reflexiona.
El último sábado, miles de personas marcharon en Lomas del Mirador bajo el lema “¿Dónde está Luciano Arruga? 10 años de impunidad”. Como suele suceder cada año, no fue el de Luciano el único caso que se visibilizó, y familias de distintos puntos del conurbano bonaerense pidieron dar a conocer sus casos a través de la radio abierta montada para la ocasión.
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