Ocho años después de haber acompañado a Evita reencarnada en Madonna, Antonio Banderas volvió a la Casa Rosada. Lo de ayer fue distinto: lo recibió otra peronista, Cristina, a quien le regaló un llamativo prendedor. Banderas visitó a la Presidente en compañía de su esposa Melanie Griffith (quien luce, sobre su brazo derecho, un indeleble tatuaje con el nombre del ex «Che»). Ambos están de gira por Sudamérica con un fin poco artístico: publicitar un perfume. Tal vez algo ajeno a los rencores políticos locales, Banderas no dejó de elogiar la buena disposición de Carlos Menem cuando éste les facilitó el balcón y la Casa de Gobierno para rodar «Evita», aunque cuando advirtió que sus encomios no tenían excesivos ecos, cambió rápidamente de tema.
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