15 de enero 2009 - 16:44
Testimonio de tragedia en Aconcagua: "Dejamos a Elena en la cumbre para no morirnos todos"
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Tragedia en Aconcagua
Refrigerato, en diálogo con el diario mendocino, contó:
"estamos en un nivel físico de franca recuperación pero necesitamos el descanso absoluto. Por ahora queremos postergar lo más posible esta historia para poder contarla cuando estemos mejor anímicamente. Hablaremos con la prensa antes de nuestra partida".
Con Antonella Targa, de 50 años, la quinta integrante del grupo que se salvó porque debió abandonar el ascenso, acordaron que harán una conferencia de prensa para responder las inquietudes del periodismo local y nacional.
Es que hasta el momento los italianos sólo se comunicaron con medios de su país, donde los hombres relataron que bebieron su orina para no deshidratarse.
Entre los diarios figura "La Stampa", que publicó una nota el lunes en la que los italianos -ambos amigos desde la infancia-
recordaron parte de sus vivencias.
Para comenzar la entrevista con el periodista Emiliano Guanella, las palabras de Matteo fueron elocuentes: "En esos momentos tenés que elegir y nosotros tuvimos que hacerlo. Elena (la integrante del grupo que falleció) no respondía más, rodó varias veces sobre la nieve, estaba inconsciente, no había ninguna esperanza de salvarla y la tormenta se acercaba".
"Tuvimos que descender para encontrar el sendero y la dejamos en la cima, porque de lo contrario los muertos íbamos a ser todos", aseveró dramáticamente.
El equipo ítalo-argentino llegó a la cumbre más tarde de lo previsto y al emprender su regreso fue sorprendido por un fuerte temporal.
Al parecer, Elena se resbaló en un bloque de hielo y rodó varios metros. Cuando la alcanzaron, Matteo rememoró con tristeza: "La tomé a cachetadas. Le gritaba y no respondía. Estaba completamente ida y sin sus guantes. Habíamos hecho todo lo posible".
"El instinto natural de supervivencia nos empujó a irnos -continuó-. Bajamos un metro con la radio satelital para lanzar la alarma. Cargué a Mirko sobre mis espaldas porque tenía la vista dañada por el sol. Nos abrazamos durante toda la noche para darnos calor y nos dimos aliento a los gritos. El día después escuchamos la voz de los socorristas y no nos parecía real".
"Es un milagro estar vivo", remarcó además Matteo, para quien sus deseos de volver a la montaña siguen intactos.



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