A casi seis años del cierre del Zoológico de Luján, los osos pardos Gordo y Florencia y la tigresa Flora iniciaron su traslado hacia santuarios especializados en Europa, en el marco de un operativo sanitario sin sedación y con controles veterinarios, que busca reparar décadas de cautiverio y darles mejores condiciones de vida.
Trasladan a los últimos osos y a una tigresa del Zoológico de Luján a santuarios en Europa
Gordo, Florencia y la tigresa Flora dejarán el predio clausurado y serán reubicados en santuarios especializados tras 17 años de encierro.
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La tigresa Flora del Zoológico de Luján será trasladada a Países Bajos.
Desde la clausura del predio bonaerense, decenas de animales permanecieron encerrados en jaulas reducidas, muchos de ellos nacidos en cautiverio o provenientes de circos, con signos de deterioro físico y conductual producto de la falta de espacio y estímulos.
El plan de rescate es impulsado por la organización internacional Four Paws junto con la Fundación Brigitte Bardot, que pusieron en marcha un operativo para reubicar a más de 60 animales en distintos santuarios del exterior.
En esta primera etapa partieron los osos pardos Gordo y Florencia y la tigresa Flora. Los osos, de 17 y 18 años, habían llegado siendo cachorros desde Batán y pasaron prácticamente toda su vida en cautiverio, situación que aceleró la decisión de trasladarlos.
Ambos fueron llevados inicialmente a Frankfurt y, desde allí, derivados al santuario de Belitsa Bear Sanctuary, ubicado a 167 kilómetros de Sofía, donde comenzarán un proceso de rehabilitación y readaptación al entorno natural.
Según informaron fuentes oficiales, el recorrido terrestre se realizó por la Ruta Provincial 6 (Buenos Aires) hasta Cañuelas, con una parada técnica en Las Heras (Buenos Aires) para controles veterinarios, y luego el traslado continuó hacia Ezeiza para su embarque en aviones de carga.
A dónde irán los animales trasladados del Zoológico de Luján
El santuario de Belitsa fue creado para albergar a los llamados “osos bailarines”, una de las prácticas más crueles que existieron durante décadas en países como Albania, Serbia, Rumania y Bulgaria. Allí, los animales eran forzados a pararse sobre planchas calientes, se los sometía a entrenamientos violentos y se los controlaba mediante aros en la nariz, en un esquema de sufrimiento sistemático.
En Belitsa, Gordo y Florencia convivirán con otros ejemplares rescatados y atravesarán un período de adaptación, que incluye reaprender a desplazarse en grandes superficies, trepar árboles, regular su alimentación y vincularse con el entorno natural.
En paralelo, la tigresa Flora, que sufrió múltiples intervenciones quirúrgicas en sus patas debido al crecimiento extremo de sus garras por las malas condiciones de encierro, será trasladada a un santuario especializado en grandes felinos en los Países Bajos. Sus cuidadores describen que es un animal tímido, retraído y con dificultades de socialización.
Aunque los tres animales continuarán bajo cuidado humano, el operativo marca el inicio de una nueva etapa tras más de 17 años de encierro. Aún quedan numerosos ejemplares en espera de reubicación, mientras avanza un plan que busca revertir prácticas históricas de explotación y maltrato animal.




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