Demanda de pasajes se sostiene hoy por "turismo de vacunas". Es caro (¿riesgoso?)

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Los precios de los pasajes a Miami cuestan más de $120.000, con una escala. Directos, más de $300.000. Opiniones divididas sobre las posibilidades de contagios en aviones.

En las agencias de turismo deambulan entre estados de optimismo y decepción. Con escenarios que cambian todos los días, es difícil enfrentar esta segunda ola de coronavirus. La noticias que llegan del exterior, con países que le ponen fecha al final de la pandemia, alumbra una luz de esperanza pero la realidad local, con mayores restricciones y un horizonte incierto, hace que se viva un tiempo de gran incertidumbre.

Eso se refleja en el comportamiento de la demanda. Hasta hace poco más de dos semanas las consultas para viajar al exterior estaban en aumento. El segundo semestre parecía ser el momento de recuperación, ya que los interesados en hacer turismo centraban en esa parte del año la fecha para cumplir sus deseos. Sin embargo, con el agravamiento de la situación sanitaria, los teléfonos dejaron de sonar. Sólo hay una tendencia que se mantiene firme: la de los argentinos que quieren ir a vacunarse al exterior.

“Hay destinos, como Estados Unidos, que tienen todos los vuelos de mayo completos. Esto tiene que ver con que hay mucha gente que planea viajar para vacunarse. Es cierto que hay pocos servicios, por las restricciones sanitarias en el país, pero es una demanda firme”, señaló Fabricio Di Giambattista, director de la agencia Columbia Viajes. El fenómeno del “turismo sanitario” es la solución que están buscando muchos argentinos de alto poder adquisitivo ante la falta de vacunas en el país. El costo es elevado.

Un pasaje a Miami, para junio, cuesta más de $120.000, con una escala, por ejemplo, en Chile o Colombia. Un vuelo directo, por Aerolíneas Argentinas tenía un costo ayer de más de $300.000 por persona. En el caso de acceder a la vacuna Johnson & Johnson, que es una sola dosis, la estadía puede ser breve. Si las que van a recibir las de Pfizer o Moderna, que requiere dos dosis, con más de 20 días entre una y otra, hay que pensar en la estadía que sumará varios miles de dólares.

Quienes deciden y pueden hacerlo deben sortear otro problema no menor: exponerse o no al contagio dentro de los aviones y todo el movimiento en aeropuertos que eso significa. En esto, como en muchas cosas, hay dos bibliotecas que se enfrentan.

Abundan estudios y expertos que toman partido por el riesgo que genera permanecer, rodeado de gente, en un lugar cerrado por tanta cantidad de horas, como los que los que garantizar que los aviones son un lugar seguro y que el porcentaje de posibilidad de contagio es mínima. Esto muestra que los científicos no se ponen de acuerdo, más allá de los intereses de las compañías aéreas para no enviar mensajes alarmantes. Hay que recordar que, al comienzo de la pandemia (y aún hoy), los especialistas debatían el uso o no de barbijos o tapabocas. Es por eso que quienes piensan viajar deben decir más por su necesidad de hacerlo y convencimiento personal que esperar una verdad absoluta. Teniendo en cuenta la demanda que existe, hay muchos que tienen claro que el riesgo que corren es menor a no estar vacunados.

Más allá de la discusión sobre el aire, aceptando que los sistemas de filtros de los aviones,sean efectivos, hay infinidad de situaciones en donde la exposición con personas que pueden estar contagiadas son inevitable. El uso de barbijo es obligatorio en los vuelos pero no es posible todo el tiempo. Los servicios de comida, por ejemplo, los pasajeros deberán dejar de usarlos. En los baños, la entrada y salida permanente de gente que pudo habérselo quitado, también puede ser un momento crítico.

A esto hay que sumarle las horas en que los pasajeros transitan por aeropuertos, en zonas de embarque, migraciones, equipaje, salones, bares y baños, con gente de todo el mundo.

Son demasiadas variables que quedan libradas a la responsabilidad de cada persona y que se cumplan todos los protocolos, tanto en tierra como en el aire.

Las compañías aéreas llevan un protocolo de desinfección de la cabina, limpieza de asientos, servicios en general, lo mismo que los aeropuertos controles de temperatura y limpieza en los lugares de embarque.

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