Con excusa en el Día Internacional del Buñuelo, este 25 de marzo distintos espacios gastronómicos de Buenos Aires vuelven a poner en primer plano a uno de los clásicos más transversales de la cocina local. Desde bodegones de barrio hasta propuestas más contemporáneas, el buñuelo aparece en versiones que respetan su identidad pero suman técnicas, ingredientes y presentaciones que lo actualizan sin perder su esencia. Entre el tapeo, el vermut y la mesa compartida, el plato reafirma su lugar como un infaltable que se adapta a todos los contextos.
Día Internacional del Buñuelo: Un clásico que no pasa de moda
De bodegones a bares de tapas, los buñuelos se reinventan en la Ciudad con versiones que combinan tradición y cocina actual.
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El 25 de marzo, bares y restaurantes celebran al buñuelo con versiones que cruzan tradición y cocina actual.
BILBAO
En Bilbao, los buñuelos no son un clásico aislado ni una única versión vegetal: forman parte del espíritu de tapeo que atraviesa toda la carta y se adaptan a distintos momentos del día, desde una entrada para compartir hasta ese platito que acompaña un vermut a media tarde. La versión de este bar de tapas es la de espinaca, aireada y crocante por fuera, con interior húmedo y bien condimentado. Los buñuelos se sirven recién hechos, dorados y calientes, acompañados por alioli casero que aporta cremosidad y un contrapunto de ajo suave, ideal para realzar el sabor vegetal sin opacarlo. Funcionan como entrada, como tapa al centro de la mesa o incluso como guarnición para sumar textura a otros platos. Son versátiles, fáciles de compartir y perfectos para el picoteo. Para acompañar, el Vermut de la Casa es una elección natural: su perfil herbal y su leve amargor equilibran la fritura y limpian el paladar. También maridan muy bien con un Gin Tonic Bilbao si se busca algo más fresco y aromático.
Dirección: Thames 1795, Palermo.
EL BODEGÓN DE KIMBERLEY
Kimberley tiene en sus buñuelos uno de los platos más convocantes de su carta. El bodegón de Villa Devoto los elabora con acelga y espinaca blanqueada, cebolla caramelizada y queso sardo rallado, y les suma un ingrediente que marca la diferencia: puré de zapallo anco, responsable de esa cremosidad que sorprende al primer mordisco. Se fríen entre 8 y 10 minutos hasta lograr una corteza crocante y seca que contrasta con el relleno húmedo, y se sirven con un dip de alioli. El tamaño generoso y el cálido patio del lugar hacen del plato una opción ideal para un almuerzo familiar de domingo o una cena entre amigos.
Dirección: Joaquín V. González 3238, Villa Devoto.
MONDONGO & COLIFLOR
En Mondongo & Coliflor, los buñuelos de acelga son un claro ejemplo del espíritu del lugar. La cantina de Parque Chacabuco toma este clásico porteño y lo potencia con cebolla caramelizada, un mix de queso gouda y reggianito, y el toque de ajo que no puede faltar. Pero lo que termina de explicar su éxito entre los comensales es la presentación: llegan a la mesa sobre una base de salsa fileto casera, con abundante parmesano rallado encima y una hoja de albahaca que perfuma el conjunto. Un plato bodegonero con criterio, que la casa recomienda disfrutar con un vaso de cerveza bien fría.
Dirección: Del Barco Centenera 1698, Parque Chacabuco.
RUFINO
En el subsuelo del hotel boutique Mío Buenos Aires, en Recoleta, Rufino propone una cocina donde la parrilla argentina y la vanguardia se complementan. Sus buñuelos de espinaca y parmesano, elaborados por el chef ejecutivo Jerónimo Bichi con espinaca fresca, cebolla caramelizada, morrón verde salteado y queso parmesano, se presentan con un dip de alioli y un gajo de limón que aporta una leve nota cítrica. Sencillos en apariencia y cuidados en cada detalle, son un reflejo fiel de la mirada contemporánea con la que el restaurante reinterpreta los clásicos nacionales.
Dirección: Av. Pres. Manuel Quintana 465, Subsuelo del Hotel Mío Buenos Aires, Recoleta.
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