A unos kilómetros de los puntos turísticos más concurridos existe un paraíso natural que sorprende a todos los viajeros por su inmensidad y por el intenso color blanco que domina el paisaje. Se trata de un destino ideal para quienes buscan experiencias distintas dentro de Argentina.
Las salinas poco conocidas de Argentina que te sorprenderán con sus impactantes paisajes
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Con una historia geológica que se remonta hace miles de años, este punto combina naturaleza y propuestas para disfrutar durante una escapada. Además, sus amaneceres, atardeceres y cielos nocturnos lo transforman en uno de los lugares más llamativos de todo Córdoba.
Dónde se ubica Salinas de Córdoba
Las Salinas Grandes de Córdoba forman parte de la Reserva de Usos Múltiples Salinas Grandes, un área protegida ubicada 180 kilómetros al norte de la ciudad de Córdoba. El espacio abarca 200.000 hectáreas y no se limita a una sola provincia, ya que también se extiende sobre territorios de La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero.
El acceso más habitual se hace desde la localidad de San José de las Salinas, uno de los poblados que crecieron alrededor de la actividad salinera. También forman parte de esa historia localidades como Lucio V. Mansilla y Totoralejos, que nacieron durante la expansión de la extracción de sal y todavía practican la actividad.
La formación de este inmenso salar tiene un origen geológico muy antiguo. Miles de años atrás, una falla tectónica permitió que afloraran minerales provenientes de un antiguo fondo marino. Con el paso del tiempo quedó expuesta una extensa capa rica en cloruro de sodio, recurso que hoy abastece a distintas industrias.
El paisaje ofrece una superficie prácticamente plana donde aparece el Monte de las Barrancas, una formación natural que sirve de referencia para quienes recorren la zona. Durante el verano el clima puede ser muy exigente, ya que las temperaturas alcanzan 45 °C durante el día y luego descienden cuando cae el sol.
Qué se puede hacer en Salinas de Córdoba
Una de las actividades más elegidas consiste en participar de recorridos guiados, tanto a pie como en bicicleta. Estas visitas permiten conocer el proceso tradicional de extracción de sal y descubrir cómo se desarrolla una actividad económica que forma parte de la identidad regional desde hace décadas.
El salar también atrae a fotógrafos aficionados y profesionales por la superficie blanca, el horizonte despejado y los cambios de luz que ofrecen imágenes muy particulares, especialmente durante el amanecer y el atardecer. Quienes se quedan hasta la noche pueden disfrutar de un cielo que permite apreciar miles de estrellas.
Algunas excursiones incluyen picnics con productos regionales y visitas a comunidades cercanas para conocer las costumbres locales y la historia de los pobladores. Dentro de la reserva también se encuentra el Refugio de Vida Silvestre Monte de las Barrancas, un bosque que sobresale en medio del extenso salar donde habitan especies como suris, flamencos, gatos de monte y lampalaguas.
La vegetación corresponde al bosque seco característico del norte cordobés y entre las especies más frecuentes aparecen el chañar, la brea, el quebracho blanco, el mistol y el algarrobo.
Como se trata de un área protegida, el ingreso al Refugio de Vida Silvestre está restringido, solo pueden acceder investigadores o visitantes que cuenten con autorización de la Secretaría de Ambiente de Córdoba y el acompañamiento obligatorio de un guardaparques.
Cómo ir hasta Salinas de Córdoba
Desde la ciudad de Córdoba el recorrido empieza por la Ruta Nacional 9 en dirección norte. Luego de atravesar la zona de Jesús María, aproximadamente 18 kilómetros después se debe agarrar el empalme con la Ruta Nacional 60, que continúa hacia la provincia de Catamarca.
Tras pasar por Deán Funes, el siguiente punto de referencia es Quilino y desde ahí se tienen que recorrer alrededor de 40 kilómetros, hasta que aparece el acceso hacia San José de las Salinas, puerta de entrada más utilizada para visitar el salar.
Las autoridades recomiendan no ingresar con vehículos particulares sobre la superficie salina, ya que, aunque el terreno parece firme, existen sectores blandos donde las ruedas pueden quedar atrapadas.
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