Una industria ágil que innova y apuesta a nuevas tendencias

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La industria del vino sufre las vicisitudes de la macro como cualquier otra. Sin embargo, tiene la capacidad de reinventarse, es versátil y se aggiorna de la mano de nuevas tendencias.

Los especialistas coinciden en que los nuevos consumidores priorizan la experiencia antes que el producto, quieren saber quién está detrás de cada botella, detrás de cada terroir. Y la Argentina del vino es cada vez más grande. Hoy, según el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) ya son 18 las provincias elaboradoras: Mendoza, San Juan, La Rioja, Salta, Catamarca, Neuquén, Río Negro, Córdoba, La Pampa, Buenos Aires, Tucumán, San Luis, Chubut, Entre Ríos, Santiago del Estero, Misiones, Jujuy y Santa Fe.

Las bodegas apuestan fuerte a la innovación, suman tecnología. Lo sustentable gana terreno. Crece el mercado de envases disruptivos como las latas y vuelve el tan cuestionado bag-in-box. Etiquetas inteligentes con códigos QR, y mucho más.

Nuevas cepas

El parque varietal de uvas argentino es muy amplio y rico en posibilidades. Son 168 las variedades que lo componen y de las cuales 113 son aptas para la elaboración de vinos y mostos. “En este contexto se identifican dos tendencias de trabajo”, dice Mauro Sosa, Director Ejecutivo del Centro de Viñateros y Bodegueros del Este. “Por un lado, el uso de nuevas cepas como por ejemplo las variedades marselan y ancellota de un adecuado rendimiento por hectárea que ofrecen vinos de un intenso color; para base de vinos espumosos y blancos se destacan la variedad Patricia, Moscatuel, Grecanico Dorato, Aconcagua, Pinot Grigio. En este grupo podemos incluir las variedades de ‘moda’ como Cabernet Franc y Petit Verdot”, explica Sosa.

“Por otro lado, se verifica una revalorización de variedades antiguas, algunas de las cuales perdieron superficie en los últimos años, ejemplos de ello son las variedades Buonamico, Barbera, Criollas, Bequignol, Lambrusco Maestri, Pedro Giménez, Tempranillo y Criollas. Se están logrando vinos de excelencia, sea por variedad única, cortes o blend y base de espumantes”, continúa el ejecutivo.

En el caso de Bodega Trivento, su CEO, Marcos Jofré, cuenta que están trabajando en nuevas experiencias para los consumidores con Malbec, “como es el caso de White Malbec o el Rosé, y además exploramos distintos terroirs porque creemos que todavía hay mucho interés por parte del consumidor de vinos en el Malbec”.

Juan Pablo Murgia, Gerente de enología de Grupo Avinea (Recientemente descorchados lo consideró el Enólogo del año en Argentina), se suma a las bodegas que están explorando nuevos rumbos. “En Argento estamos trabajando en nuevos proyectos como Malbec elaborado como blanco y vinos sin sulfitos. El Cabernet Franc tiene una aceptación muy buena. Por su lado, en Otronia estamos con dos cepas, Torrontés y Gewurstraminer, en versiones maceradas sobre pieles con tonos naranjas. También estamos en breve lanzando un Rosado de Pinot Noir y más hacia fin de año un Late Harvest (Cosecha tardía)”, acota.

En la otra vereda se para Andres Ridois, gerente general de bodegas Colosso Wines y Sottano. “Creo que en la Argentina se trabaja poco y se planta poco de otras variedades que no sean Malbec. A nivel personal estamos con Tannat, Barberas, pero también con Malbecs de varias regiones, Cabernet Sauvignon, Pinot Noir, Merlot, Syrah. Básicamente trabajamos con todos los varietales que encontramos para dar una diversidad de paletas”, expone.

La Argentina protagonista

Los especialistas coinciden en que la Argentina es hoy un jugador importante en la región pero todavía falta escalar a nivel global. “A nivel regional no hay dudas. En el mundo la Argentina vitivinícola es una referencia insoslayable como país productor, pero aún con poca participación en el volumen total de exportaciones. Sin embargo y a pesar de las dificultades es importante el lugar ganado entre los países exportadores destacándose como un diferencial el hecho de haber posicionado dos variedades como es el Malbec y el Torrontés. Desde nuestra entidad impulsamos un plan de promoción de la variedad Bonarda que ofrece grandes posibilidades de complementar y fortalecer dicho posicionamiento”, afirma Sosa.

“El gran desafío hoy pasa por participar más en el comercio mundial de vinos dado que en relación a nuestra producción, aún tenemos posibilidades de crecer. Hoy Argentina participa en un porcentaje muy por debajo de países del nuevo mundo, como Chile y Australia. Sin embargo, este objetivo se ve más lejos este año cuando uno ve la pérdida de competitividad por el dólar que no actualiza con la inflación y el aumento en dólares de los insumos importados como fertilizantes o los corchos. Los aumentos de los costos de la industria vitivinícola están por encima de lo que mide el IPC, por ejemplo, las botellas han experimentado un aumento en lo que va del año del 45%. Esto no es menor cuando estamos observando una caída del consumo de vino en los principales mercados del mundo e incluso el local”, considera Jofré.

La pandemia también impactó fuerte en la industria. “Observamos que el consumidor ha cambiado sus hábitos y gustos. Este cambio de preferencias nos favoreció debido a que hace tiempo venimos observando las nuevas características: respetar el medio ambiente, hacer vinos frescos amigables, de alta calidad y en lo particular y propio, que refleje la identidad salteña, elaborando vinos a extrema altura. Desde el inicio nuestra filosofía de trabajo en Bodega Colomé y Amalaya, ha ido transitando por el camino de la Sustentabilidad y hoy estamos en vías de lograr la certificación. Todo esto nos lleva a seguir posicionando y transmitiendo el mensaje de nuestras marcas y así seducir a nuestros consumidores”, agrega Federico Nino, Gerente Comercial Global Grupo Colomé.

Respecto a los inconvenientes que atraviesa el sector, Ridois considera que “los principales problemas son la falta de financiación a la producción y a las inversiones a largo plazo. La inflación, que baja las rentabilidades y la dificultad de mantener los salarios reales. La búsqueda, otro gran desafío es la búsqueda de alternativas a los faltantes insumos. Los mercados de importación y exportación se ven influidos por la política económica. En definitiva, el gran desafío de la industria es hacer grandes vinos ante cualquier situación. Hay alternativas e imaginación para crear grandes vinos”, asegura el representante de Colosso Wines y Sottano.

La innovación como bandera

La innnovación juega un rol estratégico. “Es clave. La industria vitivinícola tiene desafíos importantes en la productividad ya que competimos con bodegas de otras partes del mundo muy tecnificadas con acceso más fácil a créditos y que están más cerca de los mercados. Por otro lado, el cambio climático nos está desafiando como industria en la parte agrícola”, explica Jofré, de Trivento.

Según Ridois, “la innovación tecnológica para los vinos más económicos ha sido mayor que los vinos de alta gama, porque los vinos de alta gama poseen procesos más artesanales. Lo que estamos buscando en los vinos caros y los vinos que están apuntados a pequeñas producciones, a parcelas, es a interferir lo menos posible en el proceso de fermentación, desde la uva a la viña, hasta la producción de vino”.

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