A un año de la reelección de Ahmadineyad, Irán enfrenta una dura crisis política y social
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Mahmud Ahmadineyad.
La reelección de Ahmadineyad, marcada por fraudes masivos según la oposición, desencadenó varios meses de manifestaciones reiteradas en Teherán y otras grandes ciudades de Irán, a las cuales el gobierno puso fin al precio de una severa represión. Varias decenas de muertos, miles de arrestos y cientos de condenas, algunas a la pena de muerte, caracterizaron a ese período.
"La liberación incondicional de los prisioneros políticos, la libertad de prensa, elecciones libres, son las reivindicaciones mínimas" del "movimiento verde" que reúne a la oposición reformista, recordó Zahra Rahnavard, la esposa de Musavi, en el sitio internet del ex primer ministro, Kaleme.com.
La oposición renunció a organizar manifestaciones este sábado ya que no fue autorizada.
"Ante la represión que golpeó el año pasado a personas cuyo único crimen era reclamar su voto en forma pacífica, y teniendo en cuenta informaciones sobre la movilización de los extremistas y de las fuerzas represivas, (....), pedimos a la población que continúe sus reivindicaciones por otros métodos menos costosos y más eficaces" que las manifestaciones, explicó en un comunicado.
"Ningún intento de perturbar el orden público será tolerado por las fuerzas del orden", recordó por su parte el viernes el gobernador de Teherán, Morteza Tamaddon.
Según la página internet de la oposición, Kaleme.com, se produjeron "incidentes esporádicos" entre estudiantes y las milicias del gobierno en la universidad Sharif, cerca del centro de la capital.
Por la mañana no se habían observado señales de tensión en Teherán, donde las únicas manifestaciones opositoras se registraron el viernes al anochecer, por primera vez en varios meses, con numerosos gritos de "Alá Akbar" (Dios es grande) en los techos y los balcones de varios barrios de la capital.
La decisión de la oposición de no manifestar fue "lamentada" por la secretaria de Estado norteamericana Hillary Clinton.
Sin embargo, Karubi y Musavi recordaron el viernes que ellos no cuestionan los fundamentos del régimen islámico, sino que más bien lamentan una "deriva" del poder con respecto a la Constitución y los ideales de la revolución.
"Yo soy un enérgico partidario de la República Islámica", recordó Karubi, agregando que "si la Constitución fuese aplicada, muchos problemas serían resueltos".




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