7 de febrero 2003 - 00:00

Astronautas supieron 90 segundos antes que iban a morir

Astronautas supieron 90 segundos antes que iban a morir
Washington (ANSA, EFE) - Mientras la NASA redoblaba sus esfuerzos para obtener piezas clave del Columbia, vitales para esclarecer las causas del desastre del transbordador, fuentes oficiales dieron a conocer ayer que los astronautas supieron 90 segundos antes de que la nave se desintegrara que iban a morir.

Un minuto y medio de silencio y terror dominado por la conciencia de que su suerte estaba echada. Ese fue el tiempo transcurrido, según las nuevas estimaciones de la NASA, desde que la tripulación del Columbia seguramente intuyó que alguna cosa estaba fallando de manera terrible en la nave hasta el momento de la explosión fatal en el cielo de Texas. La nueva reconstrucción fue entregada por la NASA al padre de uno de los siete astronautas del Columbia, Eliezer Wolferman, cuyo hijo, el coronel Ilan Ramon, fue el primer israelí en el espacio.

La recolección de los indicios está multiplicando las confirmaciones de que los problemas a bordo del transbordador comenzaron a manifestarse bastante antes de la explosión, al parecer mientras el Columbia sobrevolaba California y Arizona. En un video grabado por un aficionado en Arizona se ve una extraña estela desprenderse de la masa luminosa del Columbia. En la cinta se escucha que alguien al lado del operador de la cámara dice: «Miren, se desprendió algo. ¿Qué podrá ser?». Pocos segundos antes, mientras atravesaba el cielo de California, la nave perdió otros tres fragmentos, posiblemente láminas de revestimiento térmico que la NASA está precisamente tratando de encontrar.

• El comienzo

Los problemas parecen haber empezado para el Columbia a las 8.52 de la mañana del sábado, hora de Washington, ocho minutos antes de la explosión, ocurrida dieciséis minutos antes del momento previsto para el aterrizaje.

Hasta ese instante la misión del Columbia se había desarrollado de manera perfecta e incluso la maniobra de regreso a la Tierra, iniciada a las 8.15 con el encendido de los dos cohetes propulsores mientras la nave se hallaba sobre el Océano Indico, no presentó anomalías.

Los siete astronautas estaban ajustados a sus asientos con el comandante
Rick Husband y el piloto William Mc-Cool, los únicos con acceso a las ventanillas, con la mirada fija en los paneles de control. La maniobra era conducida por las cuatro computadoras de abordo, ya que los comandos manuales debían ser activados -como señala la rutina de aterrizaje- sólo en los tres últimos minutos de vuelo.

La primera señal de alarma en la NASA se activó a las 8.52, cuando los sensores del Columbia mostraban al centro de control en Houston, Texas, que la temperatura estaba aumentando imprevistamente en un sector del ala izquierda.

En aquel momento el Columbia tenía un ángulo de 40 grados, exponiendo a las láminas de las planchas de protección al impacto con la atmósfera. En los minutos siguientes, mientras el transbordador comenzaba a sobrevolar Estados Unidos, el aumento de la temperatura había alcanzado niveles alarmantes.

Era el mismo momento en que varios habitantes de California, y luego de Arizona, notaban las estelas luminosas que se desprendían. En ese punto, los siete astronautas del Columbia contaban con sólo otros 180 segundos de vida.

Alguna cosa terrible estaba sucediendo con los controles de abordo, mientras en las bases en tierra no parecían todavía conscientes de la gravedad del problema.

Imprevistamente, 90 segundos antes de la explosión, el Columbia comenzó a manifestar problemas generales a causa de lo que estaba sucediendo sobre el ala izquierda. Empezaba la agonía de los astronautas mientras las computadoras de abordo intentaban reactivar del equilibrio de los sistemas, imponiendo bruscas maniobras de ajuste.

A las 9 en punto, el centro de control perdió contacto de radio con el Columbia, y nadie pudo escuchar las últimas palabras, o los últimos gritos, de los siete astronautas.

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