Astronautas supieron 90 segundos antes que iban a morir
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Los siete astronautas estaban ajustados a sus asientos con el comandante Rick Husband y el piloto William Mc-Cool, los únicos con acceso a las ventanillas, con la mirada fija en los paneles de control. La maniobra era conducida por las cuatro computadoras de abordo, ya que los comandos manuales debían ser activados -como señala la rutina de aterrizaje- sólo en los tres últimos minutos de vuelo.
La primera señal de alarma en la NASA se activó a las 8.52, cuando los sensores del Columbia mostraban al centro de control en Houston, Texas, que la temperatura estaba aumentando imprevistamente en un sector del ala izquierda.
En aquel momento el Columbia tenía un ángulo de 40 grados, exponiendo a las láminas de las planchas de protección al impacto con la atmósfera. En los minutos siguientes, mientras el transbordador comenzaba a sobrevolar Estados Unidos, el aumento de la temperatura había alcanzado niveles alarmantes.
Era el mismo momento en que varios habitantes de California, y luego de Arizona, notaban las estelas luminosas que se desprendían. En ese punto, los siete astronautas del Columbia contaban con sólo otros 180 segundos de vida.
Alguna cosa terrible estaba sucediendo con los controles de abordo, mientras en las bases en tierra no parecían todavía conscientes de la gravedad del problema.
Imprevistamente, 90 segundos antes de la explosión, el Columbia comenzó a manifestar problemas generales a causa de lo que estaba sucediendo sobre el ala izquierda. Empezaba la agonía de los astronautas mientras las computadoras de abordo intentaban reactivar del equilibrio de los sistemas, imponiendo bruscas maniobras de ajuste.
A las 9 en punto, el centro de control perdió contacto de radio con el Columbia, y nadie pudo escuchar las últimas palabras, o los últimos gritos, de los siete astronautas.




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