6 de abril 2007 - 00:00

Benedicto XVI encabezó el tradicional Vía Crucis en el Coliseo romano

Benedicto XVI durante el Vía Crucis en el Coliseo de Roma.
Benedicto XVI durante el Vía Crucis en el Coliseo de Roma.
Roma (ANSA) - El papa Benedicto XVI participó ayer del Via Crucis en el Coliseo de Roma, uno de los actos litúrgicos más destacados de las celebraciones por la Semana Santa.

El Pontífice clausuró el rito afirmando que "nuestro Dios no es un Dios lejano, intocable en su beatitud, nuestro Dios tiene un corazón, es más un corazón de carne, se hizo carne precisamente para poder sufrir con nosotros en nuestros sufrimientos, se hizo hombre para darnos un corazón de carne y despertar en nosotros el amor por nuestros hermanos que sufren".

"El pecado mayor del mundo pagano -agregó el Papa al cerrar el rito- era su insensibilidad y dureza de corazón. Convertirse a Cristo, hacerse cristiano, significaba recibir un corazón de carne, sensible a la pasión y el sufrimiento de los demás".

Benedicto XVI llevó la cruz de la primera a la segunda estación y de la penúltima a la última, en tanto de la segunda a la tercera fue llevada por el cardenal vicario de Roma, Camillo Ruini.

En otras estaciones, la cruz fue cargada por jóvenes católicos del mundo entero, entre ellos un chileno, una muchacha china procedente, quizá, de la República Popular, una congolesa, una coreana y una angoleña.

También la llevaron los miembros de una familia italiana y dos franciscanos de Tierra Santa.

La figura de Judas, el traidor por excelencia, fue tratada con compasión por monseñor Gianfranco Ravasi, biblista y prefecto de la Biblioteca Ambrosiana, en las meditaciones que acompañaron las preces porque, tal como dijo, el hombre que vendió a Cristo tiene la posibilidad de arrepentirse.

La traición y el abandono de Jesús en la noche de la pasión, afirmó Ravasi, recuerda "la experiencia áspera de muchas personas que en estos momentos en que estamos reunidos, como en otros momentos de la jornada, están solas en una habitación, ante una pared desnuda o un teléfono mudo, olvidadas de todos,porque son viejas, extranjeras o extrañas".

Ravasi, modificando el esquema tradicional de las estaciones, buscó en el mundo situaciones que puedan encarnar los mismos sufrimientos de Cristo.

De este modo, en la sexta estación, la de la flagelación de Cristo, aparecen la tortura y la opresión; mientras que en latercera, la de la condena de Jesús en el Sinedrio, se evoca el campo de concentración nazi y, en Pilatos que se lava las manos, se alude a la inmoralidad.

El silencio de Pilatos, según Ravasi, recuerda una actitud que "parece dominar en nuestros días, el de la indiferencia, el desinterés, la conveniencia personal".

Para el biblista, muchas mujeres son símbolo de la humanidad que sufre la misma pasión de Cristo.

En la novena estación, por ejemplo, las mujeres que acompañan a Cristo hacia la cruz evocan a "todas las mujeres humilladas y violadas, las marginadas y sometidas a prácticas tribales indígenas, las que están solas o en crisis ante la maternidad, las madres judías o palestinas y las de todas las tierras en guerra, las viudas y las ancianas olvidadas por sus hijos".

"Incluso un imprevisto -dijo Ravasi a propósito del Cireneo, el hombre que fue obligado a llevar la cruz por la debilidad de Cristo- puede ser un don de conversión; el gesto de aquel hombre se transforma idealmente, de ejecución forzosa, en símbolo de todos los actos de solidaridad por quienes sufren, por los oprimido, por los exhaustos".

"El Cireneo -especificó el biblista- representa la inmensa muchedumbre de personas generosas, de misioneros, de Samaritanos, que 'no cruzan al otro lado de la calle', sino que se inclinan sobre los miserables cargándoselos en los hombros para darles sostén".

Ravasi cerró el segundo Via Crucis del papa Ratzinger con las palabras finales del coral de la "Pasión según San Mateo" de Bach, pero antes citó a autores modernos como Etty Hillesum, judía asesinada en un campo de concentración nazi, René de Chateaubriand y Charles Péguy.

La ceremonia fue transmitida por 67 cadenas de televisión de 41 países.

Las imágenes llegaron en directo a toda Latinoamérica, a muchos países europeos, a Estados Unidos, Australia, India, Camerún, Ghana, Costa de Marfil, Kenia, Senegal y Togo.

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