Bolivia: la izquierda busca evitar que Congreso defina hoy sucesión
El caos desatado por los manifestantes en La Paz amenaza con trasladarse hoy a Sucre, la capital formal de Bolivia, donde intentará sesionar el Congreso para expedirse sobre la renuncia de Carlos Mesa . Según se informó, hasta anoche habían llegado cerca de 100 de los 157 legisladores, pero también se trasladaron a la ciudad mineros y campesinos para impedir que diputados y senadores se reunieran . El nombre de Hormando Vaca Díez, teórico sucesor en la Presidencia, remite a la idea de echar nafta en un incendio . El bloqueo de rutas aceleró el desabastecimiento que torna aun más difícil la vida de aquellos a quienes dicen defender los piqueteros bolivianos . En un gesto de distensión, el titular de Diputados, Mario Cossío, tercero en la sucesión, informó que podría dar un paso al costado • Importantes dirigentes, tanto de izquierda como de derecha, agitaron el fantasma de la «guerra civil», mientras otros apuntan a una «salida cívicomilitar» o a un gobierno de «asambleas populares» . La disputa por el poder parece más abierta que nunca.
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Hormando Vaca Díez, presidente del Senado. Como cruceño y ex aliado de Gonzalo Sánchez de Lozada, su figura es fuertemente resistida por la izquierda boliviana.
Morales. El dirigente cocalero pidió a todos los diputados de La Paz y otros departamentos que viajen a Sucre «para evitar que el Congreso lo elija», lo que en principio chocaría con el reclamo manifestado por él mismo a los indígenas de Chuquisaca para que impidan la realización de la sesión del Congreso.
Este escenario es visto como apocalíptico por Mesa, quien pidió a Vaca -un hombre con adhesiones políticas en la derecha- que dé un paso al costado. Mesa propone que el poder pase a manos del presidente de la Corte Suprema de Justicia, Eduardo Rodríguez, único con facultades para convocar a elecciones adelantadas. Rodríguez está en el orden por detrás de Mario Cossío, presidente de Diputados, quien ya afirmó que daría un paso al costado «si eso sirve para solucionar la crisis».
En su exhortación del martes a Vaca Díez, Mesa le dijo: «No podemos seguir jugando; el Congreso Nacional tiene la obligación de dar una respuesta, la única posibilidad es un mecanismo de sucesión constitucional que llegue hasta el presidente de la Corte Suprema de Justicia, y que, además, marque el adelantamiento de elecciones».
Vaca Díez citó a ambas cámaras para sesionar en Sucre, a 320 kilómetros de La Paz, hoy a las 10.30 locales (una hora más en la Argentina), pese a la oposición de los movimientos sociales de La Paz.
Bolivia estaba también intensamente polarizada por una lucha regional entre los departamentos que privilegian un referendo sobre autonomías (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija) y los que anteponen la realización de una Asamblea Constituyente (La Paz, Cochabamba, Chuquisaca, Potosí y Oruro) que sirva para limitar el paso a un sistema federal.
La convulsión tendió a ahondarse luego de que un grupo de indígenas tomó varios pozos petroleros (ver aparte). Ante este escenario, Brasil está estudiando un plan de contingencia para encarar una eventual suspensión en el suministro de los 25 millones de metros cúbicos diarios de gas proveniente de Bolivia, informó el Ministerio de Minas y Energía.
Frente al riesgo de estallido, el líder de la etnia aymara, Felipe Quispe, de mermada influencia en la región andina de La Paz, comentó que una guerra civil sería «mucho mejor» para que se defina «con las armas» quién manda en el país. «Ya es hora, es tiempo, de que nosotros (los indígenas) tomemos el poder político, que nos devuelvan el territorio estos invasores (los blancos)», apuntó Quispe, acentuando el carácter racista de su discurso político. También se refirió a un hipotético conflicto armado el líder del derechista Acción Democrática Nacionalista (ADN), Mauro Bartero. «Percibo y se lo dije personalmente a Hormando que por la confrontación social su asunción de la Presidencia puede ser un tránsito trágico.»
Por su parte, el diputado y líder del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), Luis Eduardo Siles, afirmó que «no habría por qué asustarse de un gobierno civil-militar» que ponga fin a la presión de los movimientos sociales.
Por su parte, Jaime Solares, secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), argumentó por su parte que ante «ante el poder paralelo de la oligarquía anteponemos el poder del pueblo», y citó una «asamblea popular» formada por organizaciones sociales que presuntamente se propone gobernar.
En otro párrafo del discurso de Mesa del martes, el mandatario abundó sobre lo dramático de la situación: «El país no puede seguir jugando con la posibilidad de partirse en mil pedazos. La única salida para Bolivia es un proceso electoral inmediato».
«Lo dice un presidente que se va (...) es una exaltación ante un país al borde de la guerra civil», agregó.



