Bush-Lula: "Estamos mejor que nunca"
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El secretario de la OTAN aclaró por qué llamó "papi" a Trump
George W.
Bush, estoico
y sonriente,
escuchó en
Mar del Plata
todos los
discursos
condenatorios
a la
política
exterior
norteamericana,
acompañado
por la
secretaria de
Estado,
Condoleezza
Rice.
«Brasil debe saber que Estados Unidos es un socio fuerte», aseguró Bush. «Pensamos que los pueblos bien liderados merecen más atención nuestra», agregó.
En la misma línea, Lula dijo que pretende profundizar «al máximo» la relación con EE.UU. sobre la base de principios comunes, como «la defensa de la democracia y la libertad y el respeto a los derechos humanos».
Según Bush, su gobierno asumió el compromiso de acabar con esas subvenciones, siempre que la Unión Europea siga ese mismo camino.
Las negociaciones para el ALCA, que Estados Unidos quiso reactivar sin éxito en Mar del Plata, tampoco fueron objeto de polémica. Ambos restaron importancia a sus diferencias sobre el tema y se empeñaron en dejar claro que las relaciones bilaterales «están en mejor estado que nunca».
El presidente de EE.UU., quien aludió directamente al asunto, dijo ser «comprensivo» con Lula, que prefiere esperar al resultado de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC) de diciembre en Hong Kong antes de seguir discutiendo el ALCA.
Bush y Lula, «copresidentes del proceso de negociación del ALCA, observaron la importancia de continuar con los esfuerzos para promover la liberalización del comercio, reafirmaron su compromiso con el proceso del ALCA (...) y manifestaron su expectativa por la oportuna reanudación de las negociaciones», señaló el comunicado conjunto, que no especificó fechas para lograr esos objetivos.
En lo estrictamente bilateral, Bush y Lula acordaron profundizar la cooperación en medio ambiente, biodiversidad, salud, educación, agricultura y tecnología aeroespacial. También dialogaron sobre cómo Estados Unidos y Brasil pueden ayudar a otras regiones del mundo abatidas por la pobreza, como el continente africano.
La visita de Bush, como ocurrió en Mar del Plata, generó protestas de grupos de extrema izquierda, aunque en el caso de Brasil todas fueron pacíficas, y expuso el divorcio que existe entre Lula y sus antiguos compañeros socialistas.
A las puertas de la Granja do Torto, unos 150 manifestantes protestaron tanto contra Bush como contra Lula, al que acusaron de haber «traicionado al pueblo brasileño» con su invitación al que calificaron de «mayor terrorista del mundo».



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