Dos funcionarios chinos fueron arrestados bajo la acusación de haber robado cadáveres de los cementerios para llegar al cupo de cremaciones anuales que se le impuso desde el gobierno central.
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El caso se produjo en la provincia meridional de Guangdong, donde -según refirió la agencia Nueva China- ambos compraron una veintena de cadáveres a profanadores de tumbas locales, en un escenario que a algunos les recordó la novela "Las almas muertas", del ruso Nicolas Gogol.
La práctica de los "cupos" está difundida en China, un país enorme donde a menudo el poder central está lejos de la realidad de la vida cotidiana y, para asegurarse de que sus directivas sean cumplidas en las zonas periféricas, usa un sistema basado en modelos matemáticos que, al chocar con la realidad, producen efectos distorsionados.
Los cupos pueden referirse a problemas diversos como la tasa de crecimiento de la economía y el número de nacimientos, y la tarea de asegurar que sean respetados recae sobre los funcionarios locales.
Los dos dirigentes arrestados, de quienes la prensa sólo refiere los apellidos -He y Dong- se defendieron afirmando haber sido puestos "bajo presión" por sus superiores inmediatos.
La cultura dominante de China, la confuciana, impone que las personas sean sepultadas, pero en los últimos años la venta de la tierra a empresas constructoras fue una de las principales fuentes de ingreso para el Estado en todas sus formas, incluyendo los gobiernos locales.
De aquí nació la exigencia de recurrir cada vez con mayor frecuencia a la cremación, que es recomendada por el budismo, una de las religiones más difundidas en el país.
La cuestión suscitó fuertes repercusiones hace dos años, cuando el gobierno de la provincia de Henan hizo destruir con topadoras unas 400.000 tumbas, para poder disponer libremente de la tierra, causando las protestas de los parientes de los muertos.
Uno de los funcionarios, Dong, precisó haber pagado 3.000 yuanes (390 euros) por cada cadáver comprado a los profanadores de tumbas.
La prensa local explicó que el caso salió a la luz cuando un hombre que vive en la vecina provincia de Guanxi denunció la desaparición del cadáver de su abuelo del cementerio donde había sido sepultado.
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