22 de junio 2005 - 00:00

Condena después de 41 años por "Mississippi en llamas"

Edgar Ray Killen, un ex miembro del KuKlux Klan, escuchó ayer impasible elveredicto de culpabilidad pronunciadoen su contra. Recibiría al menos 20años de cárcel.
Edgar Ray Killen, un ex miembro del Ku Klux Klan, escuchó ayer impasible el veredicto de culpabilidad pronunciado en su contra. Recibiría al menos 20 años de cárcel.
Nueva York (ANSA, AFP, EFE, Reuters) - El ex jefe del Ku Klux Klan (KKK) Edgar Ray Killen fue declarado culpable del asesinato de tres militantes de los derechos civiles en 1964, en un veredicto anunciado ayer por un jurado de Filadelfia. Su condena, aún no anunciada, oscilará entre los 20 años de cárcel y la prisión perpetua.

La sentencia tuvo un componente simbólico, ya que fue pronunciada exactamente el día en que se cumplía el 41º aniversario de la emboscada que fue el eje argumental del exitoso film realizado en 1988 por Alan Parker con el título de «Mississippi Burning» («Mississippi en llamas»), con Gene Hackman en el rol protagónico.

La investigación del FBI fue reabierta en los últimos años, después de que el triple homicidio quedó impune, para que la Justicia escribiera el último capítulo de aquella dramática historia.

Los 12 miembros del jurado -9 blancos y 3 negros- emplearon apenas dos días para tomar la decisión
. En el banquillo de los acusados, Killen se mostró impasible ante la lectura del veredicto y fue retirado de inmediato en silla de ruedas del recinto.

• Absuelto

El ex jefe local del KKK, de 80 años, había sido procesado y absuelto en 1967 de la acusación de violación de los derechos civiles derivada de los tres homicidios.

La historia ocurrió en el verano de 1964, cuando Andrew Goodman, Michael Schwerner y James Chaney fueron asesinados en momentos en que la cuestión del voto de los negros del Sur dividía las conciencias y encendía los espíritus por el odio racial.

Como muchos de sus coetáneos, los jóvenes participaban de la campaña para empadronar nuevos electores en áreas rurales del país (salida de Nueva York en el «verano de la libertad»), donde los descendientes de esclavos no habían votado nunca.

La policía local fue cómplice de los asesinatos
: primero detuvo por supuesto exceso de velocidad a los dos blancos neoyorquinos, Goodman y Schwerner, y a su amigo negro, Chaney, y por la noche los liberó, de modo de posibilitar que se les tendiera la trampa. Los tres jóvenes fueroninterceptados por hombres encapuchados y asesinados a tiros.

En Mississippi se generó una verdadera cadena de complicidades y las investigaciones de las fuerzas federales fueron obstaculizadas de todas las formas posibles.

Los cadáveres de los militantes, que tenían entre 20 y 24 años, fueron hallados después de 44 días de búsqueda minuciosa sepultados debajo de un montículo de tierra al borde de una ruta.


En 1967, tres años después del crimen, 18 miembros imputados del KKK que fueron llevados ante la Justicia recibieron penas livianas, mientras que Killen fue absuelto debido a que una mujer del jurado dijo que no podía condenarlo por ser pastor baptista.

• Agradecimiento

«Gracias, jueces. Gracias, policía. Pero sobre todo gracias a los blancos que vinieron a decirme que los tiempos han cambiado», dijo después de la lectura del veredicto Ben Chaney, el hermano de James, que hoy sería un hombre de mediana edad.

Este fue el mensaje que el ministerio había pedido a los jurados:
enviar al mundo la señal de que Mississippi es distinto, pero también que en el estado norteamericano donde fue tal vez más dura la segregación racial, el compromiso de la magistratura es hoy llevar ante la Justicia a quien mató para preservar el régimen segregacionista.

El veredicto de Filadelfia es el segundo «mea culpa» que se registra en pocos días en lo que parece ser la búsqueda de una toma de distancia con el pasado racista del país.

La semana pasada, mientras en Mississippi comenzaba el proceso a Killen, el Senado federal pidió disculpas a los afronorteamericanos por haber ignorado la segregación entre 1882 y 1968, mientras en las plazas y calles del país ocurrían miles de linchamientos que quedaron impunes.

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