Coronavirus: ¿quién es el polémico ideólogo del "modelo sueco" y en qué consiste el rechazo a la cuarentena?

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Después del largo letargo invernal, Suecia rechazó otra cuarentena, prefiriendo vivir con el coronavirus. Con más de 3.700 decesos en una población cercana a los 10 millones, el profesor Anders Tegnell, teórico del "no bloqueo" y jefe de la Agencia de Salud Pública.

Bares y restaurantes abiertos, centros de compras disponibles, paseos por las calles del centro de la ciudad e incluso excursiones en barco, casi ninguna limitación fue impuesta por las máximas autoridades de Suecia, que convirtieron al país en un universo paralelo a la cantidad de restricciones sugeridas por la comunidad científica internacional para evitar la propagación del Covid-19.

Después del largo letargo invernal, Suecia rechazó otra cuarentena, prefiriendo vivir con el coronavirus, en un clima de consenso social largamente mayoritario, que sin embargo no anula las alarmas de algunos científicos disidentes y tampoco frena el creciente número de índices de mortalidad. Cifras incluso desenfrenadas en comparación con los guarismos de los vecinos escandinavos.

"La estrategia sueca quiere evitar el pico de retorno que se puede registrar después del bloqueo, una vez reabierta la sociedad", explicó a ANSA Patrick Bryant, experto de modelos estadísticos aplicados a la biología en la Universidad Estocolmo. De ese modo, justificó las razones de la línea de la "mitigación" que apunta a bajar la curva de los contagios a través de una circulación controlada del virus, sin blindar a la sociedad. Desatando en ella anticuerpos.

El controvertido Anders Tegnell

Su popularidad ahora va más allá de las fronteras nacionales, esas que siempre ha querido mantener abiertas; original y controvertido, Anders Tegnell es quizás el escandinavo más famoso del mundo hoy a partir de ser el estratega de la controvertida postura frente al Covid-19. Idolatrado en casa y criticado en el extranjero por permitir que el virus se disemine en el país, sin imponer restricciones particulares. Es el jefe de la Agencia de Salud Pública sueca y el arquitecto responsable del "modelo sueco" frente a la pandemia.

El del rechazo a los cierres y bloqueos, a cambio de un enfoque "más suave", como lo define la parte interesada. Defiende a ultranza la de decisión controvertida y muy a pesar de la alta mortalidad, registrada especialmente en hogares de ancianos.

"No creo que necesitáramos el cierre en Suecia", insiste Tegnell en diálogo con ANSA. "No habría hecho tanta diferencia, especialmente en infecciones de hospicio. Imponer el cierre no habría cambiado la situación, hay muchas otras medidas, más suaves, que se puede usar", proclama.

Pero, cómo debería aplicarse su estrategia de mitigación, que se basa en unas pocas intervenciones específicas para aplanar la curva de infección, al tiempo que protege la estructura socioeconómica.

"Hasta ahora creo, aún teniendo en cuenta el exceso de muertes, que funcionó", insiste el experto. "La gente siguió nuestras instrucciones y nos aseguramos de que el servicio de salud tratara a todos los que lo necesitaban, no solo de Covid-19 sino al de cualquier otra patología. Fue difícil, pero siempre ha habido lecturas disponibles", argumenta.

"Y lo hicimos sin imponer prohibiciones especiales, excepto para reuniones de más de 50 personas y, más tarde, para visitas a hogares de ancianos. Además de limitar el cierre de escuelas secundarias y universidades", amplia.

El único camino sostenible a largo plazo, según el académico y alto funcionario sueco, que no está dispuesto a negar su estrategia a la luz de las más de 3.700 muertes reconocidas hasta ahora.

"Cada muerte es un inmenso disgusto, es terrible ver morir a un número tan grande de personas, pero hay muchos otros aspectos a tener en cuenta al evaluar un enfoque único. Como, por ejemplo, el daño que se causa socialmente a largo plazo", desliza.

Para reforzar su pensamiento, Tegnell cita el ejemplo de las escuelas primarias, siempre abiertas, así como bares, restaurantes, tiendas, cines y teatros. "Los niños necesitan ir a la escuela al menos tanto como sus padres trabajar. Creo que poder garantizar la escolarización en este período difícil fue un éxito que otras naciones podrían tomar como ejemplo", insiste decidido.

Además, en Suecia, Tegnell ahora es casi una estrella de cine, con admiradores listos incluso para tatuarse la efigie de su rostro. Un consenso que se confirma en las últimas encuestas con el 70% de la población de acuerdo con él, con un 20% que incluso querría una línea más suave aún y solo el 5% de disidentes a esa postura.

La teoría de la inmunidad de rebaño

La inmunidad del rebaño no es oficialmente mencionada, pero el objetivo parece aquel de erigir un escudo inmune masivo. Una estrategia peligrosa, sostiene por su lado el matemático Wounter van der Wijngaart. "Estamos dejando que los contagios continúen, con mínimas precauciones. Y esto costará muchas más muertes, si lo hubiéramos detenido incluso solo dos meses, para luego reanudar, sin dudas hubiéramos sido más eficaces", advirtió.

El total de los muertos sigue siendo desconcertante: con más de 3.700 decesos en una población cercana a los 10 millones, Suecia está en el octavo puesto mundial por mortalidad de Covid-19, seis veces más que Noruega o Finlandia, en proporción. "Probablemente deberíamos haber suspendido antes los grandes eventos deportivos", opina el científico bio-informático Arne Elofsson.

"Pero el error más grave es aún es no haber protegido a los ancianos en los geriátricos", acota. Es que los ancianos fueron poco menos que abandonados a su suerte, aún más que en otros lugares en medio de la pandemia, en el contexto de la aparente convicción que se trata de decidir si se extiende "por pocos meses" la vida de los más vulnerables o no para dar más oxígeno a la población en general.

El tradicional lazo de confianza que en el país existe entre las autoridades y la ciudadanía no se ve afectada ni siquiera en estas circunstancias. Como confirman los sondeos y como lo demuestra Else, empleada en un negocio del centro: "Pienso que estamos haciendo lo correcto, ya muchos se sienten solos y abandonados. No podemos saber qué nos depara el futuro, para mí está bien así". Sobre la misma línea, Glenn, que es fotógrafo, sostiene: "Todos hemos entendido que debemos estar juntos, no podemos cerrar completamente la ciudad. Debemos buscar mantener la mayor normalidad posible".

"Incluso más importante que nuestra confianza hacia el gobierno, es aquella que el gobierno nos coloca a nosotros como ciudadanos capaces de tomar decisiones sensatas", dijo el historiados Lars Tragardh, ofreciendo un marco casi ideológico desde el punto de vista que prevalece en esta sociedad. "No seguimos ciegamente al gobierno, es más bien que el gobierno cree en una relación de mutua responsabilidad".

Sin embargo, la sociedad escandinava, siempre orgullosa de su servicio sanitario, se ve hoy negada a poner los respiradores artificiales para la asistencia respiratoria de los pacientes de más de 80 años o mayores de 60 con patologías previas, en casos de vida o muerte frente al Covid-19. Algo que incluso la Gran Bretaña de Boris Johnson, a pesar de los retrasos de los que fue acusada y la carencia estructural de unidades de cuidados intensivos, está al menos logrando evitar.

"A la gente no se le dijo que la considerada inmunidad colectiva causará muchas muertes", denuncia Van der Wijngaart. "Tampoco fue hecha una estimación vaga de cuántas personas morirán por este enfoque y es por eso que las personas no protestan", indica.

Así, para algunos parece una apuesta ciega, para otros un experimento social frío; pero para la mayoría de los suecos es simplemente una opción práctica o la única vía.

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