8 de diciembre 2006 - 00:00

Crece fantasma del incendio regional

Washington - ¿Irak está en guerra civil? Para la Administración Bush, la respuesta es un no sin paliativos. Para la oposición demócrata, un rotundo sí. Con un promedio de 100 muertos al día, Irak podría considerarse una guerra civil, a pesar de que hay un ejército ocupante y que muchas de las víctimas lo son por escuadrones de la muerte, más al estilo de la antigua Yugoslavia o incluso de Ruanda -aunque en menor escala- que de un conflicto, como la Guerra Civil española o la que se produjo en Afganistán en 1991. Como explicaba hace una semana un funcionario iraquí, bajo condición de anonimato, a «The Washington Post», «es peor que una guerra civil. En una guerra civil, sabes qué facciones se están matando entre sí».

Sin embargo, Irak puede convertirse en una guerra regional. El propio Robert Gates -que en los próximos días asumirá el cargo de secretario de Defensa-, lo dijo el miércoles. Si EE.UU. deja el país -y en Washington sólo se habla de cuándo y cómo debe llevarse a cabo esa retirada-, es probable que los chiitas, que son mayoría, desaten una guerra total contra los sunnitas. Y eso provocaría la intervención de varios países vecinos.

«Sería muy sorprendente que los otros países sunnitas en Medio Oriente permitieran que la población sunnita en Irak fuera víctima de una limpieza étnica. Creo que los turcos no se quedarían de brazos cruzados si vieran que Irak empieza a romperse. Así que creo que se podría tener a Arabia Saudita, a Turquía y a Irán implicados», explicó Gates.

La posibilidad de que los países de Medio Oriente decidan celebrar de una vez por todas una gran guerra que salde para siempre la división entre chiitas y sunnitas por medio de la aniquilación de una de las dos partes -presumiblemente los chiitas, que son menos, aunque están mucho mejor organizados- es algo que deja sin opciones a Washington.

Si EE.UU. no retira a sus soldados, éstos se quedan en una guerra eterna, que el miércoles se cobró la vida de otros 10 militares estadounidenses. Si se los lleva, hasta seis países pueden participar en la guerra. De ahí proceden una serie de llamamientos realizados en los últimos días para la celebración de una conferencia internacional sobre Irak.

El martes, la Liga Arabe pidió una conferencia regional sobre ese país. Hace una semana el secretario general de la ONU, Kofi Annan, planteó la posibilidad de una conferencia similar, que tendría lugar fuera de Irak, obviamente, dado que ningún país va a enviar una delegación a semejante avispero. El miércoles, el primer ministro iraquí Nuri al-Maliki anunció, probablemente bajo presión de EE.UU., que estaría dispuesto a que ese encuentro se celebrara. Una conferencia regional tendría más opciones que una mera negociación bilateral de EE.UU. con Irán y Siria. De hecho, Teherán rechazó cualquier contacto con Washington respecto a Irak si primero no se van los soldados estadounidenses.

  • Guerra

    Una guerra regional no sería un conflicto nuevo. En la República Democrática del Congo han combatido en los últimos años Ruanda, Uganda, Zimbabue y Angola. Y la guerra de Darfur abarca en realidad a Sudán, Chad y República Centroafricana -con aviones franceses bombardeando-. Pero en este caso sería una guerra en el corazón de Medio Oriente, con tres países -Irak, Arabia Saudita e Irán-que acumulan 55% de las reservas de petróleo y que tienen una inmensa simbología en el mundo islámico.

    Tal conflicto armado no es una posibilidad remota. Los líderes de las guerrillas sunnitas iraquíes se mueven libremente por Siria y Jordania, y algunos de ellos, como el hijo de Abdalá Azzam, uno de los ideólogos más importantes del fundamentalismo islámico, han dado incluso entrevistas en Amán a «The New York Times» explicando cómo cooperan con la resistencia iraquí.

    Los funcionarios del gobierno jordano han hablado con preocupación de una media luna chiita, desde Irán hasta el Líbano, pasando por Irak. Y la semana pasada, el asesor del gobierno de Arabia Saudita, Nawaf Obaid, publicó un artículo en «The Washington Post» declarando que si estalla una guerra civil en Irak «quedarse al margen será inaceptable para Arabia Saudita».

    Entre las opciones barajadas por Obaid estaba dar a los sunnitas de Irak «el mismo tipo de asistencia -fondos, entrenamiento y apoyo logísticoque Irán ha dado a los grupos chiitas». El artículo llegaba a proponer una guerra de precios en la OPEP -algo que sólo Arabia Saudita puede hacer, debido a sus reservas de crudo y a su capacidad para aumentar su producciónque recortara el precio del petróleo a la mitad y colapsara la economía iraní. Obaid, al que algunos vinculan al sector más conservador del gobierno saudita, fue desautorizado por Riad el viernes. Pero su amenaza revela que la posibilidad de que la guerra civil se convierta en una guerra regional no es un ejercicio académico.
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