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Brasilia - El Supremo Tribunal Federal de Brasil (STF) retomó ayer un juicio que podría poner en jaque centenares de tierras indígenas pendientes de demarcación en el país.

En el llamado “juicio del siglo”, la máxima corte decidirá si es válida la tesis del “marco temporal”, defendida por el lobby ruralista –clave en la movilización popular del martes en apoyo del presidente de ultraderecha–, según la cual solo deben reconocerse como tierras ancestrales aquellas ocupadas por estos pueblos cuando se promulgó la Constitución brasileña en 1988. En concreto, el STF debate una causa sobre el territorio Ibirama-Laklano, en el estado de Santa Catarina (sur), que en 2009 perdió su estatus de reserva después de que una instancia inferior acogiera el argumento de que los grupos no estaban viviendo allí en 1988.

Los indígenas sostienen que la Constitución les reconoce sus derechos sobre sus tierras ancestrales sin prever ningún “marco temporal”.

El lobby rural, apoyado por Jair Bolsonaro, sostiene que en Brasil, con una población de 213 millones de habitantes, los 900.000 indígenas ya tienen mucho territorio –13% de la superficie del país–, y que si no se adopta el “marco temporal” ese número llegará al 28%, proyecciones que han sido ampliamente cuestionadas.

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