Dos militares llamaron a un golpe en Bolivia
La crisis boliviana entrega novedades -invariablemente negativas- día tras día. Ayer quedó expuesta una posible división de las fuerzas armadas, entre un generalato por ahora fiel al presidente Mesa y mandos medios de tendencia populista. Dos tenientes coroneles aparecieron ayer en TV, exigieron la renuncia del mandatario constitucional y propusieron un gobierno cívico-militar con las organizaciones sociales de izquierda. No queda claro aún cuál es el grado de representatividad de esos efectivos, pero llamó la atención que las FF.AA. se limitaran a repudiarlos en un comunicado, sin lograr arrestarlos. ¿Siguen libres pese a su llamado a la sedición sólo porque no pudieron ser ubicados? ¿O tienen algún grado de apoyo? Otro aspecto de esto está dado por la ideología de la incipiente insubordinación. Por su lenguaje parecen émulos del venezolano Hugo Chávez. Preocupa el destino que podría tener Bolivia, un país limítrofe y, además, clave para el suministro energético en la Argentina, en manos de ese liderazgo. Sobre todo, si éste propone un cogobierno con movimientos que se han volcado a un izquierdismo extremo. Estos sectores -ligados a la Central Obrera Boliviana, juntas vecinales y movimientos indígenas- han llevado sus planteos a tal punto que ahora consideran un traidor a Evo Morales, alguien que presiona por elevar todavía más la ya confiscatoria carga tributaria impuesta a las petroleras extranjeras. Al parecer, eso les resulta demasiado tibio.
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Un grupo de
soldados llega
al Palacio
Quemado, en
La Paz, en
medio de
versiones de
golpe de
Estado
(arriba). Los
tenientes
coroneles
rebeldes, Julio
Angel Herrera
y José Luis
Galindo, en la
televisión, al
lanzar su
desafío al
presidente
Carlos Mesa
(abajo).
La mecha del golpe militar la encendieron por la mañana los tenientes coroneles Julio César Galindo y Julio Herrera, en una aparición televisiva. Este último, que actúa como vocero, aclaró que no están en clandestinidad, «aunque no puedo decir dónde nos encontramos». También agregó que «no es un golpe de Estado», pero exigió que se vaya Mesa, y en ese caso, «uno de nosotros gobernaría junto con las organizaciones del pueblo para convocar a una Asamblea Constituyente».
• Apoyos
Herrera especificó: «Contamos con apoyos de oficiales y civiles en todo el país», pero se negó a dar los nombres «por una cuestión estratégica». De inmediato, las fuerzas armadas rechazaron en un comunicado el pronunciamiento del Movimiento Militar Generacional, calificándolo de «aprensivo y sedicioso».
Ese manifiesto «pretende enlodar y desprestigiar a la institución con afanes golpistas» y «no representa el sentir de las FF.AA. que se mantienen firmes en defensa de estado de derecho, la democracia y la institucionalidad del país», precisó el documento.
Casi al mismo tiempo que los golpistas hacían conocer su proclama, unos ochenta militares de alto rango ingresaban en la sede presidencial, lo que generó alguna preocupación hasta que se aclaró que era para reforzar la seguridad del edificio.
A las 16.30, Mesa retornó a su oficina en el Palacio Quemado tras participar en un acto patrio en Sucre, cuando la ciudad vivía un clima algo menos convulsionado.
También reaccionó contra el anuncio de golpe el titular del Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales, quien pidió «a las bases del altiplano, del valle y de oriente, estar alertas para defender la democracia si hay un intento de golpe. Por eso, me parece importante que el Congreso acelere la aprobación de la convocatoria a la Asamblea Constituyente».
Calificó de «golpistas» a los partidos tradicionales y evitó reforzar las sospechas sobre el secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares.
• Tregua
Morales y el dirigente de la Federación de Campesinos, Ramón Loayza, decretaron una tregua en las protestas hasta el lunes. Aunque Morales da la impresión de ser el más constructivo de quienes dirigen los reclamos, no hay que olvidar que el dirigente cocalero del Chapare llamó a comienzos de esta semana a que los militares intervengan «para defender la unidad de Bolivia» a raíz de la convocatoria unilateral a referendos autonómicos de parte de comités cívicos de Santa Cruz de la Sierra y Tarija, al mismo tiempo que alertaba sobre los riesgos de una dictadura.
Los mensajes televisivos de las agrupaciones empresarias de energía parecen también de otro país. Hacen un llamado abierto a reducir los impuestos estipulados en la nueva Ley de Hidrocarburos omitiendo las protestas explosivas en las calles de La Paz, que consideran a esa norma como una aberración a favor de las transnacionales.
Más allá de que las reglas de juego permiten que cada sector pelee por los mejores beneficios económicos, quizá sería el momento para gestiones más discretas.
A eso se suman actores claramente desestabilizadores, como Solares, quien, según dicen, añora sus épocas de colaboración como paramilitar en dictaduras pasadas.
De la Cruz (COR), por su parte, calificó de «patriotas» a los golpistas. Por último, el frenesí autonómico de los movimientos cívico-empresariales de algunos departamentos tampoco parece inocente, cuando esgrimen que es imposible aguardar semanas a que el referendo sea convocado en todo el país y por la norma constitucional.




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