26 de mayo 2005 - 00:00

Dos militares llamaron a un golpe en Bolivia

La crisis boliviana entrega novedades -invariablemente negativas- día tras día. Ayer quedó expuesta una posible división de las fuerzas armadas, entre un generalato por ahora fiel al presidente Mesa y mandos medios de tendencia populista. Dos tenientes coroneles aparecieron ayer en TV, exigieron la renuncia del mandatario constitucional y propusieron un gobierno cívico-militar con las organizaciones sociales de izquierda. No queda claro aún cuál es el grado de representatividad de esos efectivos, pero llamó la atención que las FF.AA. se limitaran a repudiarlos en un comunicado, sin lograr arrestarlos. ¿Siguen libres pese a su llamado a la sedición sólo porque no pudieron ser ubicados? ¿O tienen algún grado de apoyo? Otro aspecto de esto está dado por la ideología de la incipiente insubordinación. Por su lenguaje parecen émulos del venezolano Hugo Chávez. Preocupa el destino que podría tener Bolivia, un país limítrofe y, además, clave para el suministro energético en la Argentina, en manos de ese liderazgo. Sobre todo, si éste propone un cogobierno con movimientos que se han volcado a un izquierdismo extremo. Estos sectores -ligados a la Central Obrera Boliviana, juntas vecinales y movimientos indígenas- han llevado sus planteos a tal punto que ahora consideran un traidor a Evo Morales, alguien que presiona por elevar todavía más la ya confiscatoria carga tributaria impuesta a las petroleras extranjeras. Al parecer, eso les resulta demasiado tibio.

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Un grupo de soldados llega al Palacio Quemado, en La Paz, en medio de versiones de golpe de Estado (arriba). Los tenientes coroneles rebeldes, Julio Angel Herrera y José Luis Galindo, en la televisión, al lanzar su desafío al presidente Carlos Mesa (abajo).
La Paz - El intento de golpe de Estado dejó de ser ayer un rumor, cuando dos militares dijeron representar a «un movimiento generacional» que se propone tomar el poder junto con organizaciones civiles.

La intención, que hasta el cierre de esta edición no había recogido otros apoyos públicos, sería expulsar al presidente Carlos Mesa y formar un gobierno con algunos de los dirigentes de izquierda e indigenistas que por estos días protagonizan las protestas en La Paz.

Tras soportar otra jornada de protestas masivas, que dejó diez policías heridos a causa de la dinamita y varios manifestantes afectados por balines, el gobierno de Mesa comenzaría a dar gestos ante algunos reclamos. Según radio Panamericana, habría propuesto a dirigentes de la localidad de El Alto abrir un diálogo que incluiría el análisis del reclamo sobre la nacionalización de los hidrocarburos. Un vocero del gobierno consultado por este diario matizó que la oferta al diálogo no implicaría dar marcha atrás sobre la ley vigente. «Estamos tratando de conducir las aguas, no de poner dique y enfrentarnos, porque eso desborda la situación», dijo la fuente.

• Desconcierto

Veinticuatro horas antes, Mesa había pedido en Sucre «dar vuelta la hoja» de la Ley de Hidrocarburos, por lo que anoche había desconcierto sobre la veracidad de la propuesta de modificar nuevamente la norma, que, tal como está, generó una aguda oposición tanto entre las empresas energéticas extranjeras como entre las organizaciones de campesinos, por motivos diametralmente opuestos.

Otra versión dada por un diputado opositor -admitida anoche por el gobierno, aunque sólo si se logra consenso entre las partes- indicó que Mesa se dispondría a llamar a Asamblea Constituyente por decreto ante la demora del Congreso en concretar esa convocatoria. El dirigente de la Central Obrera Regional de El Alto, Roberto de la Cruz, respondió que, hasta que la Legislatura no ratifique el llamado, las marchas continuarán, incluso hoy y mañana, cuando se celebra Corpus Christi y el Día de la Madre, respectivamente.

La mecha del golpe militar la encendieron por la mañana los tenientes coroneles
Julio César Galindo y Julio Herrera, en una aparición televisiva. Este último, que actúa como vocero, aclaró que no están en clandestinidad, «aunque no puedo decir dónde nos encontramos». También agregó que «no es un golpe de Estado», pero exigió que se vaya Mesa, y en ese caso, «uno de nosotros gobernaría junto con las organizaciones del pueblo para convocar a una Asamblea Constituyente».

Apoyos

Herrera especificó: «Contamos con apoyos de oficiales y civiles en todo el país», pero se negó a dar los nombres «por una cuestión estratégica». De inmediato, las fuerzas armadas rechazaron en un comunicado el pronunciamiento del Movimiento Militar Generacional, calificándolo de «aprensivo y sedicioso».

Ese manifiesto «pretende enlodar y desprestigiar a la institución con afanes golpistas» y «no representa el sentir de las FF.AA. que se mantienen firmes en defensa de estado de derecho, la democracia y la institucionalidad del país», precisó el documento.

Casi al mismo tiempo que los golpistas hacían conocer su proclama, unos ochenta militares de alto rango ingresaban en la sede presidencial, lo que generó alguna preocupación hasta que se aclaró que era para reforzar la seguridad del edificio.

A las 16.30, Mesa retornó a su oficina en el Palacio Quemado tras participar en un acto patrio en Sucre, cuando la ciudad vivía un clima algo menos convulsionado.

También reaccionó contra el anuncio de golpe el titular del
Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales, quien pidió «a las bases del altiplano, del valle y de oriente, estar alertas para defender la democracia si hay un intento de golpe. Por eso, me parece importante que el Congreso acelere la aprobación de la convocatoria a la Asamblea Constituyente».

Calificó de «golpistas» a los partidos tradicionales y evitó reforzar las sospechas sobre el secretario ejecutivo de la
Central Obrera Boliviana (COB), Jaime Solares.

• Tregua

Morales y el dirigente de la Federación de Campesinos, Ramón Loayza, decretaron una tregua en las protestas hasta el lunes. Aunque Morales da la impresión de ser el más constructivo de quienes dirigen los reclamos, no hay que olvidar que el dirigente cocalero del Chapare llamó a comienzos de esta semana a que los militares intervengan «para defender la unidad de Bolivia» a raíz de la convocatoria unilateral a referendos autonómicos de parte de comités cívicos de Santa Cruz de la Sierra y Tarija, al mismo tiempo que alertaba sobre los riesgos de una dictadura.

Los mensajes televisivos de las agrupaciones empresarias de energía parecen también de otro país.
Hacen un llamado abierto a reducir los impuestos estipulados en la nueva Ley de Hidrocarburos omitiendo las protestas explosivas en las calles de La Paz, que consideran a esa norma como una aberración a favor de las transnacionales.

Más allá de que las reglas de juego permiten que cada sector pelee por los mejores beneficios económicos, quizá sería el momento para gestiones más discretas.

A eso se suman actores claramente desestabilizadores, como Solares, quien, según dicen, añora sus épocas de colaboración como paramilitar en dictaduras pasadas.

De la Cruz (COR), por su parte, calificó de «patriotas» a los golpistas. Por último, el frenesí autonómico de los movimientos cívico-empresariales de algunos departamentos tampoco parece inocente, cuando esgrimen que es imposible aguardar semanas a que el referendo sea convocado en todo el país y por la norma constitucional.

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