2 de enero 2007 - 00:00

El crecimiento de la economía, el gran desafío

San Pablo - Lula fijó para su segundo mandato una meta de crecimiento económico de 5% anual, que los analistas ponen en duda a menos que incentive varias reformas y endurezca todavía más la rígida disciplina fiscal.

El presidente prometió en su primer mandato un «espectáculo del crecimiento» que nunca se vio y para el segundo se propuso una meta más modesta, que a juzgar por distintas proyecciones tampoco será conseguida.

El Banco Central, en un informe divulgado el 20 de diciembre, proyectó para 2007 un crecimiento de la economía de 3,8%, es decir 1,2 punto por debajo de lo esperado por Lula, quien, según colaboradores suyos, optó por no volver a hablar de metas en sus discursos para evitar que le reclamen el cumplimiento de las mismas.

Los analistas consideran que a pesar del optimismo de Lula, el desempeño del Producto Bruto Interno (PBI) en su segundo gobierno seguirá tan mediocre como en el primero porque el país no reúne las condiciones para alcanzar un crecimiento sostenido como los demás emergentes, cuyas economías se expanden a un ritmo de 6% anual en promedio.

  • Sin perspectivas

  • «Para los próximos años no hay perspectivas de que la expansión del PBI sea superior a 4% porque el gobierno sigue apostando a que la reducción de los tipos de interés será suficiente para crecer, sin avanzar en las reformas estructurales», dijo Alex Agostini, economista jefe de la agencia de clasificación de riesgo Austin Rating.

    En los primeros tres años del gobierno de Lula, el PBI del país creció a un promedio de 2,58% anual, y para este año el Banco Central rebajó gradualmente sus proyecciones de 4,5% a 3%, un número considerado optimista por el mercado, que espera una expansión del orden de 2,7%.

    Agostini recordó que para que la economía brasileña salga del ciclo de «vuelos de gallina» -de baja altura y corta duración-, es necesario avanzar en reformas como la tributaria, laboral y de la seguridad social, algo que el propio Lula ya dio a entender que no será prioridad en su segundo mandato, que comenzará el 1 de enero.

    «El gobierno no tiene intención de impulsar la reforma de la seguridad social porque eso significa aumentar la edad de jubilación, y la opinión pública puede pasar la factura en las elecciones municipales de 2008», anotó el economista de Austin Rating.

    El déficit de la seguridad social, que anualmente ronda los 40.000 millones de reales (unos 18.600 millones de dólares), es uno de los grandes obstáculos para el crecimiento sostenido de la economía.

    Tampoco hay expectativas de que el gobierno refuerce la disciplina fiscal, que prevé un superávit primario anual de 4,25% del PBI, porque la administración pública gasta más de lo que recauda en un país donde la carga tributaria va en aumento y se acerca al equivalente a 40% del PBI.

    Un ejemplo de que la reducción del gasto público no está en los planes oficiales lo dio este mes el Congreso al aprobar un escandaloso aumento salarial de 91% para los legisladores, que posteriormente fue vetado por el Supremo Tribunal Federal. La reducción del gasto público para que la economía crezca a un ritmo sostenido en los próximos años es también uno de los reclamos de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), la patronal más influyente del país.

    Según un reciente estudio de la FIESP, sin reducción del gasto público y de los tipos básicos de interés, que actualmente son de 13,25% anual, el PBI crecerá en los próximos años menos de 3%, es decir apenas la mitad de lo pronosticado por Lula.

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