El crecimiento de la economía, el gran desafío
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En los primeros tres años del gobierno de Lula, el PBI del país creció a un promedio de 2,58% anual, y para este año el Banco Central rebajó gradualmente sus proyecciones de 4,5% a 3%, un número considerado optimista por el mercado, que espera una expansión del orden de 2,7%.
Agostini recordó que para que la economía brasileña salga del ciclo de «vuelos de gallina» -de baja altura y corta duración-, es necesario avanzar en reformas como la tributaria, laboral y de la seguridad social, algo que el propio Lula ya dio a entender que no será prioridad en su segundo mandato, que comenzará el 1 de enero.
«El gobierno no tiene intención de impulsar la reforma de la seguridad social porque eso significa aumentar la edad de jubilación, y la opinión pública puede pasar la factura en las elecciones municipales de 2008», anotó el economista de Austin Rating.
El déficit de la seguridad social, que anualmente ronda los 40.000 millones de reales (unos 18.600 millones de dólares), es uno de los grandes obstáculos para el crecimiento sostenido de la economía.
Tampoco hay expectativas de que el gobierno refuerce la disciplina fiscal, que prevé un superávit primario anual de 4,25% del PBI, porque la administración pública gasta más de lo que recauda en un país donde la carga tributaria va en aumento y se acerca al equivalente a 40% del PBI.
Un ejemplo de que la reducción del gasto público no está en los planes oficiales lo dio este mes el Congreso al aprobar un escandaloso aumento salarial de 91% para los legisladores, que posteriormente fue vetado por el Supremo Tribunal Federal. La reducción del gasto público para que la economía crezca a un ritmo sostenido en los próximos años es también uno de los reclamos de la Federación de Industrias del Estado de Sao Paulo (FIESP), la patronal más influyente del país.
Según un reciente estudio de la FIESP, sin reducción del gasto público y de los tipos básicos de interés, que actualmente son de 13,25% anual, el PBI crecerá en los próximos años menos de 3%, es decir apenas la mitad de lo pronosticado por Lula.



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