7 de noviembre 2006 - 00:00

El desgaste se hizo inevitable

Washington - Los anglosajones lo llaman «wishful thinking», una expresión intraducible que viene a significar «confundir deseos con realidad». Y ése es el caso de la información que muchos medios de comunicación extranjeros -y también estadounidenses- están dando estos días sobre las elecciones legislativas de Estados Unidos que se celebran hoy.

La palabra preferida para referirse al previsible resultado de los comicios es «debacle». Debacle de los republicanos, obviamente. Es posible que el partido de George W. Bush pierda la Cámara de Representantes. Y hay una remota posibilidad de que también ceda el control del Senado. Eso supondría volver a la situación que se dio con Clinton entre 1994 y 2000, cuando el Ejecutivo estaba en manos de un partido y el Legislativo lo controlaba la oposición.

En cuanto a las carreras por el cargo de gobernador de estados, todo indica que los demócratas también van a ganar. Y eso tiene mucha importancia, puesto que el de gobernador es un cargo con un inmenso poder local (y «local», como todo en Estados Unidos, es algo muy grande).

  • Control

  • Ahora bien, para calificar ese probable resultado de «debacle» republicana hay que considerar primero los hechos. El partido de Bush lleva controlando la Cámara de Representantes desde 1994. Es decir, doce años. Es el mismo tiempo que han gozado de la mayoría en el Senado, con un breve interregno de catorce meses en 2001-2002. No sólo eso, sino que en las dos últimas elecciones legislativas -2002 y 2004- ampliaron sus mayorías en ambas cámaras. Por si eso fuera poco, controlan desde 2001 la presidencia, y su dominio del sistema judicial, que arranca de los 90, se ha reforzado en esta última década.

    En otras palabras: EE.UU. es una democracia de partido único. Y, en ese contexto, es lógico que el partido en el gobierno sufra un inevitable desgaste.

    Así que, el hecho de que los electores reaccionen a esa situación con un voto de castigo no es una 'debacle'. Es, simplemente, desgaste. El problema para los republicanos es que en las semanas previas a las elecciones -que en EE.UU. son decisivas para movilizar a los votantes- todo les salió mal.

    Hasta hace un mes nadie creía que fueran a perder el control de la Cámara de Representantes. Pero entonces estalló el escándalo de Mark Foley, un republicano de esa Cámara que resultó ser homosexual -algo que en EE.UU. dejó de ser delito hace dos años y medio- y encima pederasta -algo que, obviamente, sigue siendo delito-. El descubrimiento sepultó las expectativas de voto republicanas y, lo que hasta entonces había sido la previsión de un mal resultado electoral, se convirtió en el espectro de una derrota.

    Una derrota que los republicanos se van a infligir a sí mismos, porque la oposición demócrata es incapaz de articular un programa alternativo. Así que parece claro que vamos a ver los resultados de un desgaste político. Pensar que va a ser una debacle parece un nuevo caso de «wishful thinking» de la prensa, estadounidense y extranjera.

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