El reto de revivir a un ejército debilitado
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Eso fue responsabilidad directa de Rumsfeld. El eje de su gestión no ha sido la guerra contra el terrorismo, sino la «transformación» y la «guerra centrada en redes» (network-centric). Dos conceptos que «han terminado por convertirse en frases hechas», según declara el analista de defensa de «Jane's Defence Weekly», Nathan Hodge. Rumsfeld ha tratado de hacer unas fuerzas armadas muy adaptables, tecnológicas, descentralizadas y orientadas a la cooperación entre unidades y servicios. Es una forma de pensar heredada del sector privado, donde Rumsfeld estuvo entre 1977 y 2001. De hecho, la invasión a Irak parece más una operación empresarial que una guerra. Fue realizada con el mínimo de recursos, subcontratando a empresas privadas el máximo de las operaciones y recortando personal -soldados-. Los resultados de esa estrategia están a la vista.
Así que «Rumsfeld llegó haciendo grandes promesas», explica Hodge. Todos los programas de armas iban a ser revisados y, si era necesario, cancelados. Sólo acabó con dos: el Crusader, un sistema de artillería autopropulsada, y el Comanche, un helicóptero de reconocimiento. Los dos sistemas iban a ser utilizados por el ejército, lo que ha acrecentado las críticas sobre su supuesto favoritismo respecto de la marina y la fuerza aérea.
Rumsfeld mostró la misma falta de flexibilidad que solía criticar en sus soldados. De hecho, no modificó los planes del Pentágono en los seis años en los que estuvo al frente del departamento. Algo que ha sorprendido incluso a sus colaboradores más cercanos. «Me parece increíble. El mundo ha cambiado», le espetó su viejo amigo Kenneth Adelman, ahora reconvertido en uno de sus asesores, el 8 de diciembre de 2005, cuando el secretario de Defensa le explicó que, pese a los problemas en Irak y Afganistán, ninguno de los programas de armas previstos en 2001 había sido cancelado, salvo los dos citados.
Al final, la guerra de Irak ha interferido en la transformación y ambas van igual de mal. Elementos básicos de la reforma del ex secretario, como la desaparición de la organización del ejército en divisiones, duermen el sueño de los justos. Los tanques, por los que Rumsfeld siente una animadversión manifiesta, son hoy más necesarios que nunca.
«El mayor legado de Rumsfeld es la transformación de las fuerzas armadas, tanto desde el punto de vista del material, como del organizativo. Pero tampoco son obras exclusivamente suyas. La modernización del material estaba ya en marcha cuando él llegó», explica Thomas Keaney, profesor de estrategia de la universidad Johns Hopkins y ex comandante de un escuadrón de B-52. Gates se hace cargo de unas fuerzas armadas en un confuso proceso de cambio y con las unidades más importantes en la guerra contra el terrorismo, marginadas. Una herencia envenenada obsequio de Rumsfeld.




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