Londres y La Habana (Reuters, EFE, AFP) - La reelección de George W. Bush en EE.UU. provocó ayer reacciones dispares. Sus aliados, como el británico Tony Blair y el italiano Silvio Berlusconi, saludaron su triunfo con alivio, mientras que sus rivales europeos -Francia, Alemania- abogaron por mejorar las relaciones que en los últimos años resultaron conflictivas.
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En tanto, en Cuba, el sentimiento era de preocupación ante un Bush que encarará su segundo mandato fortalecido políticamente y dispuesto a endurecer las sanciones para precipitar la caída de Fidel Castro.
El primer ministro de Gran Bretaña, el más firme aliado de Estados Unidos en Europa, dijo ayer el mundo debe cooperar ahora con Bush para lograr la paz en Medio Oriente.
«La necesidad de revitalizar el proceso de paz en Medio Oriente es hoy el desafío político más apremiante en nuestro mundo», dijo Blair a reporteros en su residencia en Downing Street. Blair, que ve en la victoria de Bush una tabla de salvación para sí mismo, ya que deberá afrontar la lucha por su reelección el año que viene, expresó que los comicios de EE.UU. se produjeron en un momento crítico para un mundo «fracturado, dividido e inestable». «No podemos ceder en nuestra guerra contra el terrorismo, y en la solución de las condiciones y causas de las que se nutren los terroristas», agregó.
Mientras, el alemán Gerhard Schröder, el francés Jacques Chirac y los países árabes moderados abogaron por reforzar la cooperación con EE.UU., aun cuando la victoria de Bush no era el escenario que más deseaban.
El presidente ruso Vladimir Putin, quien enfrenta una dura guerra con el terrorismo en su propio país, dijo que al votar al republicano «el pueblo de EE.UU. hizo lo correcto y no se dejó intimidar».
Mientras el gobierno de Venezuela, fuertemente enfrentado con la Casa Blanca, realizaba declaraciones de circunstancia y aseguraba desear una mejora en las relaciones, en Cuba la sensación era de inquietud. Pese a que para el régimen castrista Bush o John Kerry «eran lo mismo», en la calle prevalecía la convicción de que la victoria republicana asegura cuatro años más de tensiones y embargo económico.
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