13 de junio 2005 - 00:00

En Bolivia velan palos y cartuchos

Todos saben que la tregua hoy en Bolivia es tan precaria como puede ser efímera. La asunción del presidente de la Corte, Eduardo Rodríguez, tras la renuncia Carlos Mesa, de los titulares del Senado y de Diputados para facilitar que ello ocurriera fue un logro de los jefes indigenistas de los disturbios. Pero no para que Rodríguez llame a elecciones que es a lo único que atina el nuevo mandatario. Quieren los amotinados primero constituyente para reformar la Constitución y negar el plebiscito de autonomías de Santa Cruz y Tarija. La variante menor que aceptan es la nacionalización del petróleo y el gas. Esto es más directo y atrae a las masas no porque piensen que les llegará más ingreso en el mediano plazo sino más empleos públicos en lo inmediato y quizá sustituir los indígenas con gas el combustible de guano que hoy utiliza la mayoría pese a vivir próximos a grandes yacimientos. Estados Unidos no acepta otra solución que no sea dentro del encuadre democrático, aunque sean formas tan precarias como renuncias forzadas de los sucesores constitucionales para que asuma el titular de la Corte. Es lógico, George W. Bush ya sacrificó 1.600 soldados norteamericanos y decenas de miles de civiles para darle alguna forma de democracia a Irak y no puede permitir que en Latinoamérica se caiga en formas antidemocráticas. Todos aprovechan la situación. Chile ve la posibilidad de zafar de la falta de gas que nunca le venderá Bolivia y tampoco la Argentina si los bolivianos se lo restringen a nuestro país. Propone Chile -siempre tiene gobiernos hábiles-un gasoducto costoso de 2.500 millones de dólares desde Perú. Así se abastecería pero lo querría conectar por el norte con la Argentina y mencionan también a Paraguay, Uruguay y Brasil. Le formarían un semicírculo de gasoductos a Bolivia para ahogarla en su propio petróleo y gas. Con lo que la Argentina tendría que pagar por ese antieconómico gasoducto podría concretar exploraciones propias -sobre todo en el mar las más costosas-y no tendría problema por poco que le suministre Bolivia. Pero a Chile eso no le conviene porque se endeudaría mucho por financiar sólo el gasoducto. Brasil apoya porque no tiene problema: es el que tiene más cerca el gas y el petróleo boliviano, importó menos de lo que pagó por lo cual tiene precio anterior asegurado y Petrobras es la principal operadora extranjera en el Altiplano. Si el «cinturón de gasoductos» ahoga a Bolivia puede tener precios más baratos aún. Haciéndose el juego gas de Perú o gas de Bolivia también fijarían el precio para ambos países. Los bolivianos velan machetes, garrotes y los famosos cartuchos de dinamita de los mineros. Ya advirtieron o ley de nacionalización o constituyente. Esta modificaría los principios institucionales actuales y permitiría eliminar el referendo que quieren hacer Santa Cruz de la Sierra y Tarija para autonomía, primero, e independencia después, del resto de la Bolivia más pobre. «Las próximas huelgas serán más severas», dicen los muchos jefes indigenistas.

El combativo dirigente alteño Abel Mamani, al saludar ayer al nuevo presidente de Bolivia, Eduardo Rodríguez ( izquierda). Los paceños aprovecharon la tregua declarada por las organizaciones opositoras para aprovisionarse de gas y otros insumos (abajo).
El combativo dirigente alteño Abel Mamani, al saludar ayer al nuevo presidente de Bolivia, Eduardo Rodríguez ( izquierda). Los paceños aprovecharon la tregua declarada por las organizaciones opositoras para aprovisionarse de gas y otros insumos (abajo).
La Paz - El nuevo presidente boliviano, Eduardo Rodríguez, no tiene un partido político que lo respalde, ni tiempo, ni recursos, ni experiencia suficiente para navegar estas aguas. En ese sentido, se puede considerar un logro el primer diálogo que mantuvo ayer con los dirigentes más duros de El Alto y que derivó en una prolongación de la tregua de los cortes de ruta para hoy. El problema para el gobernante es que la impasse podría durar poco tiempo, hasta que las fuerzas en pugna se encuentren nuevamente ante un escenario empantanado.

El mandatario y los dirigentes acordaron avanzar en la convocatoria de elecciones presidenciales y legislativas, pero la llave para llamar a una Asamblea Constituyente y nacionalizar los hidrocarburos aún la conserva el Congreso, que se reunirá mañana y en el que tienen la mayoría los partidos tradicionales (MNR, MIR, ADN, NFR), que no han demostrado mayor interés en avanzar en esos temas.

Rodríguez dejó de lado los formalismos y se trasladó ayer hasta la Iglesia San Gabriel, en un suburbio de El Alto, donde fue recibido por Abel Mamani, de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve), Edgar Patana (Central Obrera Regional), Gualberto Choque (Federación de Campesinos de La Paz) y Braulio Rocha (comerciantes), entre otros dirigentes sectoriales que han demostrado alta capacidad de movilización y de derribo de gobiernos.

A la salida del encuentro, que se extendió desde las 11 de la mañana durante más de dos horas, Rodríguez informó a periodistas locales y extranjeros que sólo se comprometió a convocar a elecciones para elegir un nuevo presidente y renovar el Senado y la Cámara de Diputados. «El presidente tiene un propósito que es preservar el sistema democrático», declaró Rodríguez. «La agenda de reclamos que El Alto ha hecho explícita» será atendida por «un sistema democrático renovado». «Yo no puedo hacer política», se previno el nuevo titular del Ejecutivo.

Rodríguez tiene mandato constitucional para convocar a elecciones generales y, si lo hace después del 6 de agosto, la renovación podría comprender al Congreso, lo que se da por sentado de acuerdo con el compromiso asumido ayer.

• Impaciencia

Sin embargo, algunos de los dirigentes que participaron del encuentro en El Alto no se mostraron dispuestos a esperar un recambio presidencial para conseguir la nacionalización (con expropiación) de los hidrocarburos (ver entrevista aparte). Si esa impaciencia se generaliza y se articulan las protestas, Rodríguez podría encontrarse en horas ante un escenario parecido al de su predecesor, Carlos Mesa.

De todas maneras, el principal éxito para el gobierno de la reunión de ayer, que requirió intensas negociaciones previas, fue el compromiso de Mamani (de la poderosa Frejuve) de continuar el diálogo. A su turno, Mamani informó: «Vamos a trabajar en comisiones para adoptar decisiones para que las demandas se agenden en el Congreso nacional».

Las palabras del dirigente vecinal tuvieron un tono transigente poco habitual en él. «Hemos escuchado que hay predisposición» del presidente para que «los sectores sociales puedan participar en elecciones». El dirigente informó que se establecerán comisiones de trabajo con el gobierno y que
mañana, cuando se reúna el Congreso, no sitiarán la céntrica Plaza Murillo de La Paz.

En cambio, otras organizaciones marcharán sobre la ciudad e incluso hoy podrían disponer cortes de calles y rutas, aunque no se estima que la capital administrativa quede bloqueada como las semanas anteriores.

Las cámaras legislativas se reunirán por separado (no en Asamblea), lo que fue considerado un gesto desalentador por los sectores que prometen marchas masivas. En cualquier caso, las penurias causadas por los piquetes no parecen dar mucho margen para que se repita lo vivido en las semanas anteriores.

El presidente renunciante estuvo semanas frentea un círculo de protestas masivas en La Paz que exigían el tratamiento de una agenda que encontraba poco eco en el Congreso. A ello se suma la presión de los comités cívicos de Santa Cruz, Tarija, Pando y Beni, departamentos (provincias), donde subyace la riqueza petrolera y gasífera, que pretenden establecer un poder autonómico con alta independencia y para lo que convocaron a un referendo unilateral para el 12 de agosto, cuando serán elegidos prefectos.

En este contexto, la Ley de Hidrocarburos promulgada por el Congreso en mayo tiene pocas posibilidades de sufrir rebajas impositivas a favor de las petroleras, que consideran a la norma sancionada como «confiscatoria». El nuevo marco mantiene la carga de 18% de las regalías y establece 32% en impuestos no deducibles, además de la presión sobre la rentabilidad. Ello, que según los empresarios hace «inviables» negocios e inversiones, es considerado «una entrega» y «una traición» por sectores de izquierda, indígenas y campesinos.

En tanto, la vida económica de la ciudad no se repone fácilmente de las semanas de bloqueo. En rigor, ayer también hubo piquetes, pero de vecinos que paraban a los camiones con garrafas para abastecerse de gas. La distribución de agua está casi normalizada, y la nafta, que llegó a cobrarse 10 bolivianos por litro (1,25 dólar), volvió al nivel habitual de 3,80. La desesperanza y la angustia continúan.

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