En camino a Irán, una gaffe de Lula ofende a Medvedev
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Por eso, el anuncio de Lula (que en los hechos implicaba una apelación subliminal a lo que los rusos "no" hicieron en Afganistán), poca gracia le causó a Medvedev. Pruebas al canto: el premier ruso, cansado del dilatado trámite del discurso en portugués de Lula y de su posterior traducción, interrumpió la alocución del brasileño con el anuncio de que podrían seguir intercambiando ideas sobre el tema afgano "más adelante, por teléfono".
¿Blooper ruso como respuesta a una gaffe brasileña? No importa: quien quedó descolocado fue Lula. No faltará quien inscriba al traspié diplomático del viernes en el contexto de euforia triunfalista que lleva a Lula a Teheran, donde buscará, a partir del sábado a la noche, convencer al presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad, de que es necesario acatar las directivas e inspecciones de la AIEA (Agencia Internacional de Energía Atómica) para su programa nuclear, sospechado de tener fines bélicos.
- ADN
Pero, más allá de ese ADN de "o mais grande do mundo" propio de Lula y su país y que hoy es el motor que lleva a Brasil a tratar de jugar en el complicado tablero político de Asia, no son pocos los que leen el "offside" del viernes en Moscú, como otra perla (negra) del mismo sinuoso collar.
Es que, con un tono que hizo recordar a la megalomanía "real maravillosa" del venezolano Hugo Chavez, también el viernes Lula manifestó que llegaban a 99,9% las posibilidades de triunfar en su mediación ante el presidente de Irán. "Son más de 30 años de experiencia como negociador político y voy a hablar con mi 'amigo' Ahmadinejad", dijo Lula, confiando, a lo grande, en su trayectoria de líder sindical.
Quien no se la dejó pasar fue el ruso Medvedev: dejó en claro, ante la prensa, que consideraba que las chances de éxito de Lula en su misión ante el iraní no "superaban el 30%". Quizás, debido a esos oscuros vaticinios lanzados desde Moscú, el canciller brasileño Celso Amorim decidió adelantarse y volar, solo y dos días antes, hacia Teherán. Para quizás, también, corregir posibles gaffes de su Presidente.




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