29 de diciembre 2003 - 00:00

En Israel, 70 por ciento respalda construir el muro de la polémica

Jerusalén - «¿Sabe cuántos terroristas suicidas palestinos salieron de la Franja de Gaza en los últimos tres años? Ninguno.» Esto se pregunta y al instante se contesta Raanan Guisin, vocero de Ariel Sharon y uno de sus hombres de confianza. «¿Sabe por qué? -continúa-. Porque en la Franja de Gaza existe una cerca de seguridad desde hace años», dice Guisin a Ambito Financiero para argumentar a favor del polémico muro que Israel está construyendo en el límite con la Cisjordania palestina, que le valió a su país numerosas críticas internacionales por las graves consecuencias humanitarias que genera.

La construcción del muro ha sido hasta ahora efectiva para impedir atentados
, ya sea porque actuó de manera disuasoria o porque forzó a terroristas a caer en una situación de embudo en alguno de los puestos militares fronterizos que se disponen a lo largo del muro, cada 2,7 kilómetros en promedio. Sin embargo, causa situaciones tan absurdas como que en el pueblo de Qajin las casas quedaron separadas de los olivares de los que vivían sus habitantes. Según denunció la ONU, 400.000 palestinos se verán apartados de sus tierras y privados de ir a trabajar o a la universidad.

Más aún, como el gobierno israelí extiende el muro hacia el interior de Cisjordania -más allá de la denominada Línea Verde (acordada como límite en 1949 tras la primera guerra árabe-israelí- para proteger a varias de sus colonias allí ubicadas y que teóricamente tendrían que retirarse si se llevan a cabo los acuerdos de paz), cerca de 270.000 palestinos quedan del lado equivocado, debiendo pasar por severos controles ya no sólo para ir a Israel, sino también a otras localidades de los territorios autónomos palestinos. Gran parte de los cerca de 900 israelíes víctimas fatales de alguno de los 122 atentados en territorio israelí desde que empezó la segunda Intifada, en setiembre de 2000, murieron por bombas o disparos efectuados por alguno de los 136 palestinos suicidas que habían partido de Judea y Samaria (Cisjordania).

«Sólo hubo un caso de dos terroristas que partieron de Gaza (la franja palestina ubicada al sur de Israel, sobre la frontera con Egipto), pero pudieron evadir el control con pasaportes británicos», indica Guisin en la casa de gobierno israelí.

El muro, en realidad, es una línea de la que están construidos cerca de 145 kilómetros (más 20 en Jerusalén) sobre 780 proyectados, que combina en su extensión alambrados con control electrónico, puestos militares, fosos y paredes de cemento de tres a cinco metros de alto (en 9 kilómetros). Su costo estimado asciende a 2.000 millones de dólares.

• Solución

No son pocas las voces en Israel que se alzan para que se flexibilice el bloqueo de los territorios palestinos, aunque el consenso sobre la necesidad del muro supera 70% del lado israelí, según las últimas encuestas.

El docente
Sergio Gryn habita en Kfar Saba, una importante ciudad que es predilecta de los inmigrantes judíos argentinos. Desde hace años realiza diversas actividades de integración con sus pares palestinos y afirma convencido que «ya mismo puedo ir a (la ciudad palestina de) Qalquilia a hablar con muchísima gente que está a favor de la paz y del diálogo, dispuesta a trabajar con nosotros. Pero necesitamos frenar los atentados de los suicidas; no puedo ni pensar en cómo rearmar la paz si mi familia está en riesgo a cada instante, y por ahora la solución pasa por la cerca».

Desde las últimas casas de Kfar Saba se ven las primeras de Qalquilia, a tan sólo quinientos metros de distancia. «Sin la cerca, a un terrorista palestino le toma menos de media hora llegar caminando al centro de Kfar Saba, y cinco minutos en auto. Es sólo cuestión de que lo decida», explica, por su parte, a este diario
Amijai Shai, jefe de policía de la región israelí, refiriéndose a una hipótesis que en realidad ya ocurrió muchas veces.

De hecho, Qalquilia, con sus 40 mil habitantes, es una de las localidades palestinas que más padece por el muro. La «cerca de seguridad», como la definen los funcionarios israelíes, o el «muro del apartheid», según el discurso de los palestinos, allí es concretamente una enorme pared y les pasa a muchas viviendas literalmente por el patio de atrás, además de rodear la ciudad por Oeste, Norte y Sur. Según el gobierno israelí, la «cerca» allí se hizo «muro» para evitar que, como ocurrió, desde casas de Qalquilia dispararan contra autos israelíes que transitan por la ruta 6, parcialmente construida. La situación humanitaria de Qalquilia es dramática: cerca de 50% de sus habitantes está desocupado y un porcentaje aún mayor padece la pobreza.

Paradójicamente, la cerca también genera críticas en los israelíes más extremistas, ya que cuando el muro se termine, deberán atravesarlo para desplazarse por la Tierra Prometida.

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