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La construcción del muro ha sido hasta ahora efectiva para impedir atentados, ya sea porque actuó de manera disuasoria o porque forzó a terroristas a caer en una situación de embudo en alguno de los puestos militares fronterizos que se disponen a lo largo del muro, cada 2,7 kilómetros en promedio. Sin embargo, causa situaciones tan absurdas como que en el pueblo de Qajin las casas quedaron separadas de los olivares de los que vivían sus habitantes. Según denunció la ONU, 400.000 palestinos se verán apartados de sus tierras y privados de ir a trabajar o a la universidad.
El docente Sergio Gryn habita en Kfar Saba, una importante ciudad que es predilecta de los inmigrantes judíos argentinos. Desde hace años realiza diversas actividades de integración con sus pares palestinos y afirma convencido que «ya mismo puedo ir a (la ciudad palestina de) Qalquilia a hablar con muchísima gente que está a favor de la paz y del diálogo, dispuesta a trabajar con nosotros. Pero necesitamos frenar los atentados de los suicidas; no puedo ni pensar en cómo rearmar la paz si mi familia está en riesgo a cada instante, y por ahora la solución pasa por la cerca».
Desde las últimas casas de Kfar Saba se ven las primeras de Qalquilia, a tan sólo quinientos metros de distancia. «Sin la cerca, a un terrorista palestino le toma menos de media hora llegar caminando al centro de Kfar Saba, y cinco minutos en auto. Es sólo cuestión de que lo decida», explica, por su parte, a este diario Amijai Shai, jefe de policía de la región israelí, refiriéndose a una hipótesis que en realidad ya ocurrió muchas veces.
De hecho, Qalquilia, con sus 40 mil habitantes, es una de las localidades palestinas que más padece por el muro. La «cerca de seguridad», como la definen los funcionarios israelíes, o el «muro del apartheid», según el discurso de los palestinos, allí es concretamente una enorme pared y les pasa a muchas viviendas literalmente por el patio de atrás, además de rodear la ciudad por Oeste, Norte y Sur. Según el gobierno israelí, la «cerca» allí se hizo «muro» para evitar que, como ocurrió, desde casas de Qalquilia dispararan contra autos israelíes que transitan por la ruta 6, parcialmente construida. La situación humanitaria de Qalquilia es dramática: cerca de 50% de sus habitantes está desocupado y un porcentaje aún mayor padece la pobreza.
Paradójicamente, la cerca también genera críticas en los israelíes más extremistas, ya que cuando el muro se termine, deberán atravesarlo para desplazarse por la Tierra Prometida.




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