4 de octubre 2005 - 00:00

Entre el deseo y el orgullo herido

Estambul - «Austria tiene una patología que la Unión Europea debe superar. Tiene instintos racistas y discriminatorios, y una extrema derecha muy fuerte -declara el analista turco Kadri Gürsel, en un tono inusual en él-. Es un país de jubilados que sólo quieren mantener sus privilegios y su viejo mundo.» Es el duro reproche a ese país por las exigencias que ha impuesto a Turquía para el inicio de negociaciones con la UE. Y muestra el desengaño que se ha llevado el país con las nuevas imposiciones después de que el pasado diciembre los europeos pusieran fecha (ayer, 3 de octubre) para comenzar unas largas conversaciones, que ni siquiera garantizan el ingreso.

Los turcos se sienten estafados, heridos en su orgullo.
«Radikal», un diario muy serio entre el centro y el centroizquierda, publicó el domingo, en la portada de su suplemento dedicado al tema, el dibujo en color de un fuerte brazo haciendo un corte de mangas representando a la Europa que pisotea el «honor turco». El autor del artículo así ilustrado denunciaba a los conservadores europeos por poner trabas al comienzo del diálogo, en especial, a los franceses.

Prácticamente toda la prensa rezumó ese amargo sabor europeo, reflejando el sentir mayoritario de la sociedad. Aun así, los medios de comunicación no escondieron el deseo -también mayoritario por diversos motivos- de caminar hacia la UE. Lo dejó claro el centrista « Milliyet» en su titular de portada: «Pese a todo, la UE».

Este rotativo publicó una interesante encuesta en la que se nota la huella de las dificultades puestas por Europa durante el último año. El número de ciudadanos que apuesta absolutamente por el ingreso ha bajado en este tiempo 10 puntos porcentuales, al quedar en 57,4%. En cambio, los indiferentes han subido 6 puntos, al lograr 18%.

También han crecido, aunque débilmente (1,6%), los partidarios del no rotundo a la UE, que ahora son 10,3%.

El sondeo reflejó dos cuestiones arraigadas en la conciencia colectiva. Los consultados marcan dos líneas rojas que creen que los turcos no deben cruzar para ingresar en la UE. Un 93,7% no quiere que se reconozca como genocidio la matanza de armenios entre 1915 y 1917. La inmensa mayoría tampoco acepta que se recorte el derecho a la libre circulación de los turcos por los Estados miembro de la UE.

Kemal
, 40 años, de profesión liberal, comenta: «Hace 20 años no hablábamos del tema armenio. Ahora se ha empezado; ya es algo. Pero la UE debe hallar otra formulación». El Parlamento Europeo ha exigido recientemente al gobierno de Ankara que reconozca el genocidio armenio. De hecho, se han dado tímidos pasos. El tabú armenio se rompió hace poco con un coloquio de historiadores e intelectuales turcos que reconocieron la realidad del primer genocidio del siglo XX.

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