Escándalo con detalles explosivos
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Porque Bush había afirmado que no iba a permitir que sus colaboradores hablen bajo juramento ante el Congreso por este caso. Eso implica que los tribunales deberán decidir si hay razones para que Rove y Miers declaren.
Si nos atenemos a los precedentes, el que la Casa Blanca invoque el «privilegio ejecutivo» para evitar una declaración ante el Congreso o ante un gran jurado equivale a una confesión de culpabilidad. Bill Clinton siguió esa estrategia para tratar de evitar que dos de sus colaboradores prestaran declaración por el caso Lewinsky. También lo hizo Richard Nixon, que llegó a la Corte en un desesperado intento para evitar que las cintas en las que gravaba las conversaciones en la Casa Blanca fueran entregadas al Congreso. En ambos casos, los presidentes perdieron.
Ahora, todo indica que EE.UU. va hacia un enfrentamiento similar.
Entretanto, a quien el escándalo ya ha convertido en un cadáver político ambulante es a Alberto Gonzales, el fiscal general, un cargo equivalente al de secretario de Justicia. Gonzales, que es uno de los más cercanos asesores de Bush y el padre ideológico de la cárcel en la base cubana de Guantánamo, tiene la responsabilidad política del escándalo y muchos, incluyendo los propios republicanos, creen que su dimisión es sólo cuestión de tiempo.



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