Este alemán vota aún con nostalgia
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En Sajonia, Turingia, Brandemburgo, Sajonia Anhalt, Mecklemburgo y Berlín (capital), la socialdemocracia (SPD) de Gerhard Schröder sumó 30,5%, contra 25,3% de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) que representa Angela Merkel y otro tanto del Partido de Izquierda (ex comunistas y socialdemócratas duros). En el total nacional, esos números se invierten hasta 34,3%, 35,2% y 8,7%, respectivamente.
Hildegard Strausberg, analista del diario conservador «Die Welt», lo expresaba en estos términos: «Hace quince años se incorporaron 17 millones de personas formadas en una dictadura, que creen que el Estado debe solucionarles todo. Esas personas también son ateas, y del ateísmo al totalitarismo hay un paso». Sobre lo segundo, la sociedad alemana evidencia dudas a flor de piel, pero sobre lo primero, hay consenso creciente que se escucha incluso en boca de economistas socialdemócratas.
• Diferencias
Pero a 16 años de la caída del Muro se siguen respirando otros aires según sean las avenidas que se transite. «Ossis» y «wessis» de Berlín se informan con diarios distintos, algunos se enorgullecen de no cruzar al otro lado de la ciudad, y votan a una distancia a veces mucho mayor que las pocas cuadras que dominaba el muro. Mientras en barrios de Pankow, en pleno Este, los ex comunistas superan 40%, a cinco kilómetros de allí ese porcentaje baja a un décimo de ese nivel.
Por si Merkel, pese a ser nacida en el Este, tenía una debilidad inicial en los ex estados comunistas, fue Edmund Stoiber, el líder socialcristiano de Baviera, quien se encargó de tirarle un salvavidas de plomo a su aliada: «No acepto que sean los frustrados del Este quienes decidan el futuro político del país. Es una pena que no todos los alemanes sean tan inteligentes como los bávaros». Los asesores de campaña de Schröder, agradecidos.
Los enamorados no correspondidos saben que la nostalgia se vale de los elementos más inverosímiles para seguir prendido del objeto perdido. Cuentan en Alemania que una vez unificado el país, los orientales se lanzaron maravillados a la compra de autos 0 km. Las rutas deficientes y problemas de manejo elevaron la tasa de accidentes fatales, y en ello, los comunistas vieron una chance. Sacaron cuentas y dijeron que el capitalismo, en pocos meses, había superado el número de víctimas que quedaron atrapados en el Muro en vanos intentos por escapar de la dictadura.




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