Europa pide que no se ahorque a Saddam
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Una niña
palestina
exhibe un
póster de
Saddam,
exponiendo el
disgusto que
la condena de
éste provocó
en sectores
árabes.
Sus comentarios con palabras cuidadosamentepensadas reflejan el balance entre la larga oposición británica a la pena capital y que no quiere ser visto como un crítico del tribunal iraquí, respaldado por EE.UU., que sentenció a Saddam.
«Estamos en contra de la pena de muerte, sea Saddam u otra persona», dijo Blair en una conferencia de prensa. «De todos modos, lo que creo importante acerca de esto es reconocer que este juicio de Saddam, que ha sido manejado por los iraquíes y ellos mismos tomarán la decisión sobre esto, nos muestra un recordatorio muy claro de la brutalidad total y bárbara de ese régimen», agregó.
Mientras tanto, en Irak seguía el toque de queda y continuaban marcándose las diferencias entre las comunidades del país. Los chiitas, que son mayoría y fueron oprimidos por el régimen, volvieron a manifestar su alegría a través de todo el territorio al enterarse de que Saddam fue condenado a morir en la horca por la matanza de 148 habitantes chiitas del poblado de Dujail en 1982. Los sunnitas, por el contrario, protestaron frente a lo que consideran un complot y auguraron días sombríos para los estadounidenses y sus aliados iraquíes.
Para evitar que las manifestaciones degeneren en violencia, el gobierno mantuvo el toque de queda para peatones y automovilistas en Bagdad y en dos provincias del norte de la capital: Diyala, punto habitual de conflictos entre chiitas y sunnitas, y Salaheddine, cuya capital, Tikrit, es el pueblo natal de Saddam Hussein.
«¡Es el fin de un dictador!», se regocijó Saad Ali Hassun, de 40 años, en las calles de Samawa, una ciudad chiita al sur del país. «Las familias de los mártires han esperado durante mucho tiempo este momento; ahora sólo pueden disfrutarlo», aseguró Mohamed Hussein Jaber, un obrero de 45 años.
Pero en Hawija, una ciudad sunnita de 300.000 habitantes situada al norte de la capital iraquí, lo que exigen los pobladores es la liberación de Saddam.
Centenares de personas, entre ellas escolares, desfilaron a pie o en coche en el centro de la ciudad, a 220 kilómetros de Bagdad, con retratos del ex presidente iraquí y pancartas reclamando su liberación.
«Seguiremos manifestándonos, no porque somos sunnitas, sino porque somos iraquíes. Nos gustaba la época en que gobernaba Saddam», afirmó Abdala Zamar Hassan. «Un período sombrío aguarda a EE.UU. y a sus aliados iraquíes», estimó.
Los estatutos del tribunal especial que llevó el caso prevén un procedimiento automático de apelación en caso de condena a muerte o cadena perpetua, lo que podría aplazar semanas o incluso meses la ejecución de las sentencias. Si la Cámara juzga fundada la apelación, arrancará un nuevo proceso. En caso contrario, es decir, si ratifica la decisión tomada en primera instancia, Saddam sería ejecutado en un plazo de 30 días desde ese momento.
Mientras, el ex presidente iraquí volverá a ocupar el banquillo de los acusados hoy, en el marco de otro juicio donde se lo acusa de «genocidio» contra la población kurda que habita el norte del país en la «campaña de Anfal», que tuvo lugar en 1987 y 1988 y dejó un saldo de más de 180.000 muertos en Kurdistán.




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