2 de enero 2008 - 00:00

Fueron a Colombia a enterarse recién ahora cómo actúan las FARC

Hugo Chávez se pasó cuatro días mirando el reloj. Con el correr de las horas comenzó la impaciencia, preludio del fracaso final.
Hugo Chávez se pasó cuatro días mirando el reloj. Con el correr de las horas comenzó la impaciencia, preludio del fracaso final.
Parece mentira que algunos hayan tenido que llegar hasta Villavicencio, al pie de las selváticas montañas de Colombia, para tener una idea de qué son y cómo se manejan las FARC o de las circunstancias del secuestro de Ingrid Betancourt, cuya causa han abrazado con un entusiasmo que obligaba a un conocimiento un poco más sólido del caso.

Molesto porque cierta prensa argentina y latinoamericana -que insistente en hacerse portavoz de las FARC- informó que el gobierno colombiano no estaba brindándoles la seguridad necesaria a los comisionados extranjeros que participaban de la «Operación Emmanuel», Alvaro Uribe se desplazó a Villavicencio para desmentir esa información. Luego de los agradecimientos a Hugo Chávez, a los delegados humanitarios -«especialmente al señor ex presidente de la Argentina, Néstor Kirchner»-, la conferencia de prensa de Uribe se transformó en una lección de historia colombiana reciente para una delegación «humanitaria» que se caracterizó por su improvisación.

Para fundamentar su falta de confianza en la palabra de las FARC, el presidente de Colombia informó a los comisionados de los resultados del proceso de diálogo que lanzó su antecesor en la presidencia colombiana, Andrés Pastrana, quien en 1999 accedió al pedido (que ahora reitera la guerrilla) de desmilitarizar una amplia zona del país, 40.000 km cuadrados (la superficie de Suiza). El «diálogo» duró tres años, hasta enero de 2002. Se justifican las comillas, pues el jefe de las FARC, Manuel Marulanda, inauguró él mismo dejando plantado a Pastrana en la primera cita. Ese gesto inicial fue el anticipo de la conducta que mantuvo en todo el proceso, que aprovechó para promocionarse en los medios, recibir visitas de notables en la selva y pertrecharse aún más.

Cuando finalmente Pastrana se resignó al fracaso de la negociación y ordenó al ejército retomar el control de la zona, Colombia se encontraba en plena campaña electoral. Entre los candidatos estaba Ingrid Betancourt, con 0,2% de intención de voto. «Ella tomó la decisión de ir a la zona de peligro contra toda advertencia porque tenía el íntimo convencimiento de que nada le ocurriría con las FARC», les relató Uribe a los comisionados. El detective Nelson Burgos, asignado por la policía colombiana a la custodia de la candidata Betancourt, relató: «Le supliqué que no viajara porque ponía en peligro su vida». Ingrid desoyó todas las advertencias. «Fue a meterse en la boca del lobo», afirmó un jefe militar que también intentó disuadirla de internarse en la zona del Caguán, todavía bajo control de la guerrilla.

  • Injustificable

  • Con cinismo sin igual, un «representante diplomático» de las FARC, declaró al diario suizo Le Temps, en marzo de 2007, que «le dijimos (a Ingrid) que regresara, pero ella dijo que no; creo que quería ganar votos suplementarios al ir a nuestro encuentro».

    Es obvio que la conducta imprudente de Ingrid Betancourt no justifica en modo alguno el calvario de seis años que las FARC les han hecho vivir a ella y a su familia, pero sí debería hacer reflexionar a quienes pretenden ser protagonistas de un drama cuyo entramado desconocen. También debería esclarecer las razones de Uribe para ser tan cauteloso.

    Para «explicarles a los comisionados» por qué «estamos llenos de motivos para desconfiar», el presidente colombiano relató otros antecedentes análogos al de Betancourt: el del gobernador del departamento de Meta, Alan Jara, secuestrado mientras participaba de una caravana de Naciones Unidas; el de Gilberto Echeverri, gobernador de Antioquia, y Guillermo Gaviria, ex ministro de Defensa, secuestrados por las FARC durante una caminata por la paz y posteriormente asesinados. Según el relato de sobrevivientes, Echeverri y Gaviria les preguntaron a las FARC: «¿Por qué nos secuestran si somos amigos del diálogo, amigos de ustedes para la paz?». La respuesta, relató Uribe, fue: «Ustedes no son nuestros amigos, ustedes son nuestros enemigos de clase, son nuestros idiotas útiles».

  • Autopromoción

    ¿Habrán entendido los comisionados el mensaje? Cabe esperar que, lo que no se aprendió antes de viajar, se haya entendido ahora. Cuando empezó a tomar conciencia del atolladero en el cual se había metido, Kirchner se escudó en la palabra «humanitario», pero ésta fue una operación de autopromoción y de desgaste del gobierno y del estado colombianos. Entusiastas adherentes a una iniciativa promovida por el principal aliado que hoy tiene George W. Bush en el mundo -el hiperactivo presidente francés Nicolas Sarkozy- califican a Uribe de aliado incondicional del gobierno norteamericano. Además de apoyar los argumentos de los sectores más belicistas respecto de Irán, Sarkozy acaba de amenazar con romper diplomáticamente con Siria y, de paso, con la tradicional política exterior antiatlantista de su país.

    Mientras los comisionados de la «Operación Emmanuel» hacían de actores de reparto en los teatrales ensayos protagonizados por Chávez y filmados por Oliver Stone -el «norteamericano bueno»- al pie de las montañas colombianas, el principal instigador de esta movida prefería el escenario de las pirámides de Egipto para vivir un mediático romance.
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