¿Hay una maldición en el New York Times?
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El edificio del New York Times en Nueva York.
El cambio de guardia lo había tomado por sorpresa y dejó sin aliento a todo el personal editorial.
Se sabía desde hace tiempo en la redacción del New York Times que entre Jill Abramson y Sulzberger no corría buena sangre, pero nadie esperaba un terremoto en la cumbre de modo brutal y repentino.
Abramson desapareció una noche sin despedirse y sin siquiera tratar de dar la apariencia de que había decidido renunciar voluntariamente.
La semana pasada, la Universidad de Harvard, su alma mater, anunció que Abramson enseñará durante un año "escritura de no ficción" (non fiction writing) en el Departamento de Inglés.
Baquet, mientras tanto, no designó a un vicedirector al momento de su nombramiento, porque quería "darse tiempo para replantear las estructuras jerárquicas del periódico a la luz del desarrollo en el área digital", explicó.
"Me doy cuenta de que mi operación coincide con un momento en el que estamos tratando de hacer progresos como redacción", escribió Baquet desde la cama del hospital.
"Durante mi ausencia voy a estar en contacto con los jefes de cada sector, es cuanto podemos hacer a placer y continuaremos explicando nuestros nuevas y diversas iniciativas ".




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