Hizbollah le declaró la guerra al Estado libanés

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Beirut (EFE, AFP, Reuters, ANSA, DPA) - Ocho personas murieron en los enfrentamientos que estallaron ayer en Beirut entre partidarios del gobierno moderado y de la oposición prosiria, tras un violento discurso del jefe de Hizbollah, Hassan Nasrallah, que tildó de «declaración de guerra» recientes decisiones del gobierno, mientras crecen los temores por que se desate una nueva guerra civil.

Los duros combates entre militantes sunitas afines al gobierno y milicianos chiitas de Hizbollah comenzaron en el centro de Beirut y no tardaron en extenderse a otras zonas de la capital, entre ellas el barrio comercial de Hamra, de mayoría sunita.

Al cierre de esta edición, el Gobierno se había reunido de urgencia y consideraba declarar el estado de emergencia. Fuentes de los cuerpos de seguridad libaneses dieron un balance de ocho muertos y 16 heridos, aunque la cifra podría aumentar en la medida que prosigan los combates.

  • Choques

    Los enfrentamientos se iniciaron en el barrio mixto de Corniche al-Mazraa, donde sunitas y chiitas viven cara a cara, separados sólo por la calle principal. Milicianos encapuchados y bien armados de Amal (otra milicia chiita) y de la facción sunita Al-Mustaqbal (El Futuro) se enfrentaron en intensos tiroteos con fusiles y lanzagranadas que pronto se extendieron a los distritos vecinos, también mixtos, de Museitbeh, Ras al-Nabaa y Bechara al-Khouri.

    Las revueltas comenzaron luego de unas agresivas declaraciones de Nasrallah. «Nuestra respuesta a esta declaración de guerra es nuestro derecho a defendernos, a defender nuestra resistencia, nuestras armas y nuestra existencia», sostuvo en una videoconferencia transmitida en directo.

    El dirigente terrorista se refirió así a la investigación que las autoridades libanesas llevaron a cabo el miércoles en el aeropuerto de Beirut, donde fue descubierta una red secreta de telecomunicaciones instalada por Hizbollah. Como primera consecuencia, el gobierno destituyó al jefe de la seguridad del aeropuerto de Beirut, cercano a la organización chiita. «La red de comunicaciones está destinada a defender al país de Israel», argumentó Nasrallah.

    Los líderes políticos reaccionaron con dramáticos anuncios, el más importante el del líder anti-sirio, principal formación sunita en el Gobierno, Saad Hariri. En una intervención televisada, el hijo del primer ministro asesinado pidió a Nasrallah que diera marcha atrás y le propuso «dejar las cosas en manos del Ejército, permitir que el Gobierno ejerza su autoridad en el Líbano, retirara las facciones armadas de las calles y apoyar la elección del jefe del Ejército como presidente para volver así a la mesa de negociaciones».

    En una rápida respuesta, Hizbollah y su socio Amal rechazaron «categóricamente» la propuesta y advirtieron que seguirán expandiendo su control en las calles hasta que el Gobierno de marcha atrás.

    Sobre el Ejército, que permanece apostado entre las facciones sin intervenir para no ser acusado de tomar partido, Nasrallah señaló que «si la instituciónmilitar cae no le quedará nada al país», en un aparente llamamiento a la fuerza a que no intervenga. «Están empujando al Ejército a la confrontación con la resistencia», acusó a los partidos de la mayoría.

  • Crisis

    Líbano atraviesa la crisis política más grave desde el final de la guerra civil en 1990. El país está sin presidente desde el 24 de noviembre, ya que las dos partes no se ponen de acuerdo sobre cómo repartirseel poder. El vacío institucional es propiciado además, por los constantes asesinatos de congresistas y miembros de la mayoría antisiria, que se desencadenaron tras el crimen del ex premier Rafic Hariri en febrero de 2005. Desde esa muerte, cinco importantes figuras de la vida política libanesa anti-siria murieron asesinadas, aunque Damasco -aliado de Hizbollah- niega cualquier responsabilidad de sus servicios secretos. En un intento de consenso, ambas partes habían acordado que el cargo sea destinado al jefe de las Fuerzas Armadas, Michel Suleiman, lo que quedó en suspenso por el impasse legislativo.

    El Consejo de Seguridad de la ONU expresó ayer su respaldo a las instituciones del Líbano y llamó a la calma y a la reapertura de las rutas del país.

    Por su parte, la Casa Blanca exigió a Hizbollah que cese inmediatamente de «sembrar la violencia». «Hizbollah necesita tomar una de estas opciones: o ser una organización terrorista o ser un partido político, pero debe dejar de intentar de ser ambas», dijo el portavoz del Consejo de Seguridad Nacional estadounidense, Gordon Johndroe. La Unión Europea y Francia también manifestaron su preocupación por los acontecimientos.
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