9 de julio 2007 - 00:00

Internet revela la guerra secreta

El sectarismo, los ataques contra informadores locales y el miedo de los extranjeros convierten a Irak en una guerra tan presente como desconocida. Las noticias dan fe del número de muertos, pero sobre la rutina de la población, sobresaltada por coches bomba, secuestros masivos, asesinatos y combates continuos, apenas hay mención. Esa necesidad de información ha llevado a muchos iraquíes a colgar sus vivencias en Internet.

La afición por las computadoras facilita un fenómeno que sirve de desahogo y da claves imprescindibles. Mediante los blogs es posible ver qué pasa, saber quién pacta con quién y quién se enfrenta a quién y entender por qué se está creando la mayor crisis de refugiados del planeta.

«En donde las palmeras crecen» (http:// citycalledhell.blogspot.com/), Zappi Corleone (seudónimo de un bagdadí de 34 años) relata el desenlace del secuestro del Ministerio de Educación de noviembre, cuando 150 funcionarios fueron capturados: 70 fueron liberados y 80 desaparecieron. «En las últimas ocho semanas las familias de los secuestrados han sido contactadas por la policía e informadas de que las víctimas han sido enterradas, y de que pueden recoger los certificados de defunción en la comisaría. Las víctimas murieron tras ser torturadas y sus restos fueron arrojados en un vertedero del distrito de Ur (...). Bagdad se ha convertido en la Ciudad de los Muertos. Al alba hay más muertos que vivos en las calles.»

Lo mismo ocurre con «Iraqslogger» (http:// iraqslogger.com), un blog transformado en agencia que cuenta con multitud de colaboradores y notable credibilidad. Sus periodistas hablan con los bagdadíes para dar cuenta de fenómenos tan preocupantes como el sucedido en el barrio sunita de Ghazaliya, controlado por grupos extremistas que hacen dinero del exilio y la limpieza étnica: «Las casas ( abandonadas por refugiados) son alquiladas sólo a sunitas por u$s 80» dice una fuente en Ghazaliya. «La cifra es muy baja para la media bagdadí, donde los alquileres oscilan entre u$s 300 y 600. Los inquilinos pueden ser desplazados sunitas de otras zonas o sunitas con conexiones con el grupo. El alquiler debe ser pagado a la mezquita local, controlada por los militantes, a quienes se destina el dinero.»

En otro nivel -aunque igualmente esclarecedor- está el blog de Hasan Jarufa, un estudiante de ingeniería que cuenta en «Un iraquí corriente» (aviraqi.blogspot.com) la aventura de tratar de acudir a la facultad cada día. «Las últimas semanas las he pasado metido en casa, atrapado en medio de las fiestas religiosas, los toques de queda y las grandes batallas de las cercanías. En las últimas tres semanas sólo fui a clase tres veces (...) Una de ellas, la policía encontró un coche bomba frente de la facultad.»

  • Supervivencia

    Otros acuden al sentido del humor como forma de supervivencia, como Al-Rashid, seudónimo del autor de «Gran Bagdad» ( greatbaghdad.blogspot.com), quien el 8 de mayo redactaba una detallada guía de cómo conseguir una cerveza «en la liberada y democrática Bagdad», sorteando coches bomba, desafiando a los extremistas y, por supuesto, dependiendo de la secta religiosa del consumidor. «Se preguntará por qué las tiendas mencionadas están situadas en zonas cercanas a lugares fuertemente custodiados. ¿Por qué ya no se puede ir a comprar a Arrasat, Karada, Sadún o Al Eluayia? La respuesta es simple: todas [las tiendas] han cerrado tras ser amenazadas o quemadas. Por eso necesitas protección, armas o guardaespaldas cuando vas a comprar cerveza.»

    Una de las pocas cosas que mejoró tras la invasión fue el acceso libre a Internet y, en cierta forma, la calidad de la conexión, pero los problemas con la electricidad y la guerra sectaria complican su uso.

    Desde que la calle de los informáticos, donde se concentraban las tiendas especializadas, fuera atacada hace unos meses, las averías son solventadas por los vecinos más avezados.

    A la crisis que plantea cada problema técnico se suma la falta de luz: con una hora de suministro diario, los vecinos dependen de generadores alimentados con un combustible cada vez más caro (u$s 1/litro) y escaso. Eso no impide que Internet sea la única forma, para el exilio, de mantener el contacto con los familiares y amigos que aún no se han sumado al movimiento migratorio que ya afecta a cuatro millones de iraquíes. Los vecinos conectados en Bagdad prestan sus máquinas a quienes carecen de Internet para que chateen o envíen e-mails, de forma que es frecuente que los refugiados se citen a horas fijas con los suyos al otro lado del ciberespacio.

    La Red también da espacio a una creatividad enturbiada por la guerra. Es el caso de «Bagdad mi ciudad natal» (hometownbaghdad.com), donde tres amigos cuelgan videos dinámicos y bien editados de su cotidianidad siguiendo una filosofía: «La vida diaria de los ciudadanos iraquíes se ha convertido en la gran historia jamás contada de la guerra de Irak».
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