20 de septiembre 2005 - 00:00

Intimidad de un tirano grotesco

Kim Jong Il.
Kim Jong Il.
Bangkok - En un país castigadopor la hambruna, donde parte de la población sobrevive al invierno alimentándose de hierbas y raíces, la prominente barriga de su líder siempre se ha destacado como símbolo de la opresión. Kim Jong II es el único obeso en un país de 22 millones de escuálidos, y el trabajo del cocinero Kenji Fujimoto ha sido asegurarse de que lo siga siendo. Una misión que, a menudo, dependía de los detalles más pequeños.

«Antes de cocinar arroz, miembros de su camarilla inspeccionaban grano a grano», recuerda el chef japonés. «Los granos rotos o con defectos eran retirados. Sólo podía servirle aquellos que tuvieran un aspecto perfecto.» El antiguo cocinero personal del Querido Líder, como se autoproclama Kim ante su pueblo, vive oculto y se ha visto obligado a cambiar de aspecto debido al temor a que los servicios de inteligencia norcoreanos le hagan pagar la osadía de haber desvelado los excesos del dictador en sus libros «Yo fui el cocinero de Kim Jong II» (2003) y «La vida de Kim Jong II» (2004).

El primero de los libros es un relato surrealista de cómo el dirigente norcoreano enviaba a su chef a comprar sushi fresco a Tokio, mangos a Tailandia o caviar a Teherán mientras pueblos enteros desaparecían por la hambruna a su alrededor. Gracias al chef japonés, sabemos que la bodega del dictador, conocido por su afición al coñac, cuenta con más de 10.000 botellas de importación.

O que en un banquete obligó a todas las mujeres a desnudarse y bailar para él antes de pedir a los miembros de su gobierno que se unieran a la fiesta, también en cueros. «El se limitó a observar el espectáculo. Dijo que nadie podía tocar a las chicas, que eran suyas, y que eso sería como robarle», recuerda Fujimoto.

• Platos fuertes

Las orgías con decenas de jóvenes traídas de todos los rincones del país son, según el cocinero, uno de los platos fuertes del régimen. Otra de las sorpresas más llamativas es que los gustos culinarios de Kim Jong II no están reñidos con su odio a EE.UU. Una de sus comidas favoritas: hamburguesas con papas fritas. Fujimoto cuenta que uno de los hijos de Kim regresó de un viaje por China asegurando que las hamburguesas de McDonald's eran una de las mejores cosas que había probado en su vida. «Tuve que volar a Pekín, ir a Mc-Donald's y comprar una bolsa de hamburguesas. Por supuesto, cuando regresé estaban frías, pero Kim Jong II se las comió de todas formas», escribe el cocinero. El testimonio de este japonés, de 57 años, tiene un valor especial porque él es el extranjero que más cerca ha estado de Kim y su mundo. El segundo libro del autor, «La vida de Kim Jong II», va más allá del paladar del dictador para profundizar en los abusos de un régimen que asegura representar el último bastión del comunismo puro a la vez que disfruta de lujos y excesos dignos de emperadores modernos.

«No conozco otro país con una diferencia tan brutal entre ricos y pobres»,
asegura el chef, que utiliza un nombre falso, se ha dejado barba y aparece siempre en público con anteojos de sol para ocultar su rostro.

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