18 de agosto 2005 - 00:00

Jerusalén, la verdadera batalla

Un niño agita una bandera palestina mientras corre en tornoa la colonia de Morag. La población árabe de Gaza siente laretirada israelí como un enorme triunfo de su causa nacional.
Un niño agita una bandera palestina mientras corre en torno a la colonia de Morag. La población árabe de Gaza siente la retirada israelí como un enorme triunfo de su causa nacional.
Jerusalén - Yusef Mohamed al-Jatab luce una impecablebarba islamista. Hubo un día, sin embargo, en que sus patillas eran largos tirabuzones hebreos: era un perfecto ortodoxo judío hasta que, hace siete años, vio otra luz y se convirtió al islam radical. Con él, su mujer y su hija. Hoy tiene 37 años, una pequeña perfumería en la Vía Dolorosa de Jerusalén -lo dijo Mahoma: quien esté cerca de un perfumista siempre olerá bien-y sólo mantiene contacto con su familia -judía-en Estados Unidos por esporádicos y extraños correos electrónicos.

Yusef soñaba hasta hace siete años con Jerusalén y sigue soñando con ella. Porque la retirada de Gaza no hace más que refirmar la voluntad israelí por retener Jerusalén y el ansia palestina por tener la ciudad. Si en algo han estado siempre de acuerdo la derecha y la izquierda hebrea es en eso: Jerusalén como «capital indivisible y eterna» de Israel.

Yasser Arafat
no tenía en su despacho ninguna foto de Gaza: tenía la cúpula dorada del Domo de la Roca, la dirección hacia la que oraban los primeros islámicos. A Bin Laden lo tiene sin cuidado la Franja: una de sus obsesiones es «liberar» Jerusalén. Los profetas siguen leyendo el Antiguo Testamento letra por letra: «¡Oh, Jerusalén, si me olvido de ti que se me pegue la lengua en el paladar!».

Hace siete años, cuando Yusef llevaba tirabuzones en las patillas, ni en sus más negros sueños imaginaba negociar con los palestinos la ciudad que encierra el monte Moriah, el lugar donde Dios creó el universo y Adán surgió del polvo. Por algo -creía él-mil años antes de que Cristo naciera, David, el rey de los judíos, proclamó a Jerusalén capital de su reino. Y aunque Nabucodonosor destruyó el Templo que Salomón construyó en el monte Moriah, Herodes lo reconstruyó. Y aunque Tito lo volvió a destruir para siempre --seguía creyendo Yusef cuando llevaba tirabuzones-nunca los judíos habían dejado de llorar sobre el único pedazo que queda en pie de sus ruinas, el muro occidental, esa pared que los cruzados medievales bautizaron despectivamente como el Muro de los Lamentos. Y aunque durante los siglos Jerusalén fue invadida por asirios, babilonios, egipcios, griegos, romanos, bizantinos, cruzados, árabes, turcos y británicos, ninguno de estos pueblos la hicieron su capital y mucho menos fue nunca capital de los palestinos. Sólo los judíos -creía Yusef antes de cortarse los tirabuzones-la habían tenido como capital y así debía seguir siendo.

Siete años después, con la cabeza rapada y la barba islamista, Yusef piensa -con la misma convicción que antes pensaba lo contrario-que Jerusalén ha sido desde hace siglos el centro y la principal ciudad del pueblo palestino, y que algún día volverá a serlo. Ya no piensa en el Templo; sólo piensa en que el profeta Mahoma se encontraba una noche durmiendo en la Kaaba cuando el arcángel Gabriel lo despertó, lo montó en un caballo alado y lo llevó volando a Jerusalén. Piensa, como creen el resto de los musulmanes, que Mahoma oró esa noche con Abraham, Moisés, Jesús y otros profetas en el mismo lugar donde los judíos tuvieron su Templo, que por aquel entonces hacía varios siglos que se hallaba en ruinas. Desde allí, desde el monte Moriah, Mahoma subió al cielo y antes de que saliera el sol, el caballo alado lo devolvió a La Meca con la Palabra revelada.

Quizá porque Yusef ha cambiado, Jerusalén sigue siendo la misma. La voz del muecín rebota en el Muro de los Lamentos. Las levitas judías de la Rusia zarista se cruzan con elegantes chadores comprados por Internet. El turismo agoniza. Los barrios palestinos, cada vez más sucios, los barrios judíos, cada vez menos limpios, y los barrios cristianos, cada vez más olvidados.

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