Jornada sangrienta en Irak: al menos 45 muertos en ola de atentados
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Para limitar el riesgo de atentados con coche bomba, las autoridades iraquíes impusieron el mes pasado en Bagdad un sistema por el que los residentes sólo pueden conducir su vehículo un día de cada dos, con el que no han logrado limitar la espiral de violencia.
También este domingo, 12 personas, civiles y militares, murieron cuando otro coche bomba estalló frente a un banco de Mosul (norte), en el momento en que unos soldados iraquíes hacían cola para cobrar sus sueldos.
En esa misma ciudad, un coche bomba estalló cerca de un retén militar, matando a una mujer e hiriendo a ocho personas más, según fuentes oficiales.
Hombres armados, por otro lado, mataron a dos civiles chiitas en la región de Muqdadiyah, al noreste de la ciudad de Baquba.
La violencia en Irak volvió a niveles que no se veían desde 2008, y hace temer que el país se hunda de nuevo en la violencia sectaria entre sunitas y chiitas de los años 2006 y 2007, cuando murieron decenas de miles de personas.
En lo que va de octubre murieron ya más de 640 personas. Desde el 1 de enero hubo más de 5.300 muertos, según un balance de la AFP basado en fuentes médicas y de seguridad.
El recrudecimiento de la violencia se produce en medio del descontento creciente de la minoría sunita, en el poder en la época de Sadam Husein, contra el actual gobierno dominado por los chiitas, al que acusa de haber ordenado arrestos arbitrarios.
El nivel de violencia se incrementó sensiblemente cuando las fuerzas de seguridad intervinieron a fines de abril contra una manifestación de sunitas, que desde cuatro meses antes protestaban contra el gobierno.
La intervención produjo un estallido de enfrentamientos entre manifestantes y agentes de seguridad, con un saldo de más de 200 muertos en unos pocos días.
Desde entonces, las autoridades han hecho algunas concesiones para calmar las protestas y a los sunitas en general, como liberar prisioneros y aumentar los salarios de las milicias que combaten a Al Qaeda.
Sin embargo, numerosos sunitas siguen acusando al primer ministro chiita Nuri al Maliki de acaparar el poder y de estar marginalizándolos. Al mismo tiempo, la corrupción sigue siendo generalizada y persisten problemas básicos como un suministro ineficiente de agua y electricidad.
La ONU y numerosos diplomáticos, en ese sentido, han pedido al jefe del gobierno que adopte reformas para evitar que los sunitas se vean tentados de unirse a grupos extremistas.
Según un reciente estudio publicado por investigadores estadounidenses, canadienses e iraquíes, cerca de 500.000 personas han muerto de forma violenta desde que Estados Unidos invadió el país en 2003.




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