Roma - El tesón con que Juan Pablo II desafía a su quebradiza salud para aparecer ante los fieles en el ángelus dominical y en las audiencias generales de los miércoles, contrasta con la vida cotidiana intramuros, articulada en torno a cortas audiencias privadas que suelen celebrarse a media mañana, seguidas, según aseguran conocedores del Vaticano, de largas horas de reposo y cuidados.
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A esa rutina regresará poco a poco el Pontífice, entre susurros de preocupación por cómo su estado físico está marcando esta larga y última estación de su pontificado, y rumores de un consistorio en el verano europeo -se dice que sería el 29 de junio-en el que serán nombrados nuevos cardenales para engrosar el cónclave que algún día elegirá a su sucesor.
En este momento, el Colegio Cardenalicio consta de 183 cardenales, de los cuales 119 son electores (es decir, menores de 80 años); el límite de electores son 120, pero Juan Pablo II ya ha permitido que se superase en otras ocasiones, y no está muy claro qué habría que hacer si hubiera que reunir el cónclave con más electores de la cuenta.
En cualquier caso, es previsible que en junio se dispare la aritmética de alianzas y de distribución de sensibilidades eclesiales -aunque suele decirse que en la Iglesia Católica no hay cardenales conservadores y cardenales progresistas, sino cardenales conservadores y cardenales menos conservadores-, para arrojar luz sobre una broma que circula por el Vaticano: saber «si el próximo Papa será Juan Pablo III o Pío XIII». (Un Papa recién elegido dice mucho de sí mismo sólo eligiendo nombre, y el actual Pontífice apenas ha causado controversia, no así Pío XII, cuyo pontificado se vio marcado por una polémica coexistencia con el nazismo.)
Hace ya meses que se le importuna sólo para asuntos de verdadera importancia, mientras que del gobierno eclesial efectivo se ocupan más otras personas; se trata de cardenales y arzobispos de peso, que para acceder a despachar con el Pontífice tienen que sortear a veces su cada vez más poderoso secretario personal, el arzobispo polaco Estanislao Dziwisz. Eminencias en otro tiempo influyentes, como el cardenal Giovanni Battista Re, prefecto de la potente Congregación de los Obispos, o el cardenal Camillo Ruini, vicario del Papa en Roma, han visto disminuido su acceso a las estancias papales.
•Confianza
Aunque se hayan espaciado las visitas, continúan teniendo una relación más cercana a Juan Pablo II algunos hombres, en virtud de su cargo y de que gozan de la total confianza del Papa: Angelo Sodano, secretario de Estado, y Joseph Ratzinger-,
prefecto. Ve también al Papa muy a menudo el arzobispo Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, convertido en lector habitual de sus discursos cuando el Papa no tiene fuerzas para hacerlo; fue Sandri quien leyó el ángelus el pasado domingo. Crece también la influencia de un cardenal español, Julián Herranz, presidente del Pontificio Consejo de Textos Legislativos. De él se dice que podría convertirse en el hacedor de Papas del próximo cónclave. El obispo Herranz, miembro del Opus Dei, convoca de vez en cuando reuniones de cardenales en la casa que el movimiento fundado por Josemaría Escrivá de Balaguer tiene en Grottarossa, cerca de Roma, cardenales que rara vez sobrepasan los 80 años y que, por tanto, tienen abierto el camino hacia el cónclave. Con la salud quebrada, prepara cónclave decisivo en junio.
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