5 de febrero 2004 - 00:00

La célula del Pentágono que "fabricó" las armas

Washington - Quienes sabían de su existencia la llamaban simplemente la célula. Se trataba de una unidad secreta del Pentágono, creada poco después del 11 de setiembre con la finalidad exclusiva de procesar la información de los servicios de inteligencia y fabricar las pruebas contra Irak.

Al frente de la unidad especial estuvo David Wurmser, hombre de confianza del subsecretario de Defensa Paul Wolfowitz, que purgó casi todos los escalafones de la Inteligencia norteamericana para poner en lugares clave a los halcones.

Poco se sabía sobre los entresijos de la célula hasta que la alférez Karen Kwiatowski, que vivió los preparativos de la guerra desde la Oficina de Oriente Próximo y Surasia (NESA) del Pentágono, decidió colgar el uniforme y hablar con la revista «Mother Jones», que lo reveló todo sobre la fábrica de mentiras.

«Aquello no era una unidad de Inteligencia, sino de propaganda»,
afirma la alférez Kwiatowski. «Tomaban una información y hacían que sonara como algo amenazante. Funcionaba como una maquinaria muy organizada, como si tuvieran desde el principio una misión muy concreta.»

La misión no era otra que el cambio de régimen en Irak. Los halcones llevaban agitando la bandera de la guerra contra Saddam desde 1996. La madre de todas las conspiraciones se empezó a gestar bajo el techo de la American Enterprise Institute (AEI), el tanque de pensamiento por el que fueron desfilando en la última década todos los halcones, incluido el vicepresidente Dick Cheney, que fue reclutando uno tras otro a los leales.

El propio jefe de Personal de Cheney, Lewis Scooter Libby, cumplió desde el primer momentola doble función de enlace con los halcones, cuidadosamente instalados en puestos clave.

Bajo el manto protector de Donald Rumsfeld y Paul Wolfowitz se fue tejiendo poco a poco una madeja que acabó penetrando los servicios de Inteligencia con una finalidad exclusiva.

Wolfowitz y el subsecretario de Política de Defensa,
Douglas Faith, decidieron contratar a un hermano de sangre, Harold Rhode, especialista en el Islam. Juntos comenzaron una purga interna en la Agencia de Inteligencia de Defensa. El paso decisivo llegó tras el 11 de setiembre, con el fichaje de David Wurmser, vinculado al ubicuo Richard Perle y al líder del Congreso Nacional Iraquí, Ahmed Chalabi.

David Wurmser pasó a dirigir la célula, cuya misión consistía en cribar las informaciones
de la CIA, de la Agencia de Inteligencia de Defensa y de la Agencia Nacional de Seguridad para recopilar pruebas e indicios sobre las armas de destrucción masiva de Hussein. El círculo estaba cerrado.

•Presiones

El propio secretario de Estado, Colin Powell, tuvo que soportar las presiones internas de un halcón infiltrado en sus filas: el subsecretario John Bolton, quien fue acusado en las páginas de «The New York Times» por uno de los ex agentes a su servicio, Greg Thielmann: «La conexión con Al-Qaeda y las armas nucleares eran las únicas dos maneras de hacer ver que Irak era una amenaza inminente. La Administración distorsionó enormemente en los dos casos».

A comienzos de 2002, disuelta ya la célula, el Pentágono creó una
Oficina de Planes Especiales. Supervisando la operación estaba otro eminente halcón, Abram Shulsky. El Congreso Nacional Iraquí de Ahmed Chalabi, empezó a inundar el Pentágono con informaciones tendenciosas de desertores, rebatidas en muchas ocasiones por la propia CIA. Fue entonces, en el verano de 2003, cuando estalló la guerra soterrada entre los servicios de Inteligencia.

Dejá tu comentario

Te puede interesar