La Junta y su legión de esclavos
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«Nos soltaron cuando mi padre pagó al capitán 300.000 kyats (unos 250 dólares) por los dos», recuerda Zhaw. Unos días después de haber sido víctimas de la extorsión, Zhaw y su hermano Cho fueron de nuevo apresados y enviados al Batallón 14 del Ejército, para servir como transportistas en la montañosa región del este, escenario de frecuentes combatesentre las tropas y las guerrillas de las etnias karen y shan.
Los transportistas, que como pago reciben una ración de comida que por lo general consiste en un poco de arroz hervido y unos pequeños pedazos de carne, transportan los víveres y las municiones de la tropas por las zonas en las que no existen carreteras.
Muchos perecen en ataques de los rebeldes, de agotamiento o de enfermedades, sobre todo la malaria, que es endémica en las junglas de este y el nordeste del país.
«Allí estábamos más de cien transportistas, y había también algunas chicas de las que los soldados abusaban», explicó Zhaw, quien nada ha sabido de su hermano desde que hace seis años emprendieron la huida con otros cinco compañeros, a través de la jungla por la que caminaron durante ocho agotadoras jornadas.
Amnistía Internacional (AI) ha denunciado en reiteradas ocasiones que miles de civiles de las etnias minoritarias son obligados a trabajar para el Ejército, que según Human Rights Watch (HRW) tiene alistados a unos 70.000 soldados menores de 18 años.




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