24 de marzo 2005 - 00:00

La muerte de un seudopapa

Muchos españoles creyeron ayer, por un instante, que el anunciado y triste desenlace ya se había producido. Al salir a la calle advirtieron que algunos diarios, no sin malicia, habían titulado en tapa «Murió el Papa», con la imprescindible aclaración, en tipografía más pequeña, «Gregorio XVII».

¿Quién fue el tal seudopontífice español al que lloraron ayer sus pocos fieles? Clemente Domínguez Gómez, líder de la llamada Iglesia Palmariana de las Carmelitas de la Santa Faz, tenía 58 años y desde la muerte de Paulo VI en 1978 se autoproclamó su sucesor y adoptó el nombre de Gregorio XVII. Sus seguidores estaban seguros de que sería crucificado antes de que se produjera el Apocalipsis.

• Oposición

Domínguez Gómez no era un cristiano que se anduviera con chiquitas: creía que su consagración como Primer Pastor de la Iglesia era un mandato de Dios, cansado de intermediarios, conciliábulos y fumatas. Como Gregorio XVII, Domínguez Gómez se opuso a reformas seculares tales como decir misa en lenguas locales en lugar de en latín, o dialogar con otras ramas del cristianismo (ni qué decir con otros cultos).

Era, para sus creyentes, el «santo de Utrera», un hombre que perdió los ojos en un accidente en la década de 1970, en el que también se ensangrentaron sus manos, frente y torso, de manera similar a las heridas de Cristo que tan gráficamente retrató Mel Gibson en su Pasión. La Iglesia Palmariana tiene un templo que se alza a los pies del Palmar de Troya. Entre los santos que beatificó durante su mandato, Francisco Franco fue el más notorio, y entre los excomulgados más famosos se contaba la familia real, «esos rojos» según los denominaba. Para Gregorio XVII, Juan Pablo II era el «antipapa», aunque en 1988 logró registrar oficialmente la Iglesia Cristiana Palmariana (que lógicamente no le admitió el estatuto de «Papa»).

Sin embargo, la muerte de don Domínguez Gómez no dejó al Vaticano sin heresiarcas que lo enfrenten. Muy por el contrario, por el mundo reina hoy otra veintena de «Papas».
Los más destacados son otro Gregorio XVII, pero de Québec (fundó la orden de Los Apóstoles del Amor Infinito de St. Jovite y anunció que había sido coronado místicamente), Michael I de Kansas, Pedro II de Francia, Pedro II de Alemania y Pío XIII de Wisconsin, al que se eligió «democráticamente» a través de una encuesta telefónica. Casi todos tienen su página personal en Internet, desde donde tratan de sumar adeptos.

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