La última y secreta misión de Ilan Ramon
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¿Qué investigaba entonces el militar reconvertido en astronauta? Durante buena parte de sus 16 días a bordo del Columbia, Ramon manejó cámaras que transmitían directamente a la Agencia Espacial Israelí para estudiar los vientos y la calima procedente de los desiertos de Irak. Desde la propia nave, Ramon debía realizar experimentos secretos que contribuyeran a neutralizar la amenaza de Saddam de usar armas químicas y biológicas contra Israel.
En tierra, todos los datos recibidos fueron trasladados al Instituto de Investigación Biológica, un centro ultrasecreto y punta de lanza del sistema multidefensivo israelí. Los científicos del Instituto estudian cómo las corrientes atmosféricas pueden transportar sustancias contaminantes desde Irak a Israel.
• Orgullo nacional
Durante los últimos cinco años de su vida, Ramon vivió en los EE.UU. Con él estuvieron en todo ese tiempo su esposa, Rona, y sus cuatro hijos. Desde julio del '98, estando ya en plena preparación en Houston, se sabía asignado al vuelo que despegaría de Cabo Cañaveral a principios de 2003. No sería el primer astronauta judío (en la explosión del Challenger en 1986 falleció Judith Resnik), pero sí el primer israelí. Ramon había sido elegido para la gloria. Era el orgullo nacional («un símbolo del bello Israel», dijo estos días de luto Ariel Sharon). Nada nuevo, en cambio, en su vida profesional. Empezó a escribir su abultada hoja de servicios nada más concluir el bachillerato, en 1972. Lo aguardaba el servicio militar y apenas dos años más tarde su título como piloto en la escuela de vuelo de las fuerzas aéreas israelíes. Entre medias recibiría su primera condecoración militar por su participación en la guerra del Yom Kippur (1973). Entonces, con 18 años, voló en su primera misión de combate, contra los egipcios entonces. Para la historia bélica de su pueblo, su gran hazaña vendría a principios de la década de los '80.
El Columbia acababa de realizar su primer vuelo espacial e Ilian Ramon despegaba a los mandos de un avión de combate F-16. La planta nuclear que Francia y otros países estaban ayudando a construir a Irak en Osirak, a 19 kilómetros de Bagdad, pronto podría producir plutonio. Y el gobierno israelí no estaba dispuesto a ello. La misión de Ramon en aquella operación consistía en transmitir una señal que engañara al radar iraquí simulando que la cerrada formación de combate (ocho F-16) era en realidad un avión Jumbo comercial.
Tras el ataque, el joven piloto dijo: «No fue nada». Después fue mirado siempre como un héroe nato. Se hizo muy popular entre todos sus compañeros de armas y al poco tiempo se encontró al frente del escuadrón nuclear israelí como comandante. Antes de ser ascendido a coronel en 1994 y ser destinado al frente del departamento de desarrollo y adquisición de armas de las fuerzas aéreas, destino que conservaba hasta que fue llamado para ser astronauta, estudió ingeniería electrónica e informática (1983-87) en la Universidad de Tel Aviv.
• Homenaje
La tragedia lo ha devuelto revestido con la aureola de héroe. Acabada de raíz la polémica científica en torno a su designación (llegaron incluso a llamarle turista espacial), su muerte ha concitado el homenaje sin fisuras a su persona. Hasta Arafat envió una carta de pésame al presidente del Estado de Israel, Moshé Katsav. En el momento de la tragedia sobre los cielos de Texas (estado norteamericano que alberga un pueblo llamado Palestina), Ramon llevaba consigo, entre otros, dos simbólicos objetos con los que había querido viajar al espacio. Uno era una Torah (texto sagrado que reúne las leyes del judaísmo) del tamaño de una tarjeta de visita de un superviviente de uno de los campos de exterminio nazis, el de Bergen-Belsen. El propio Ramon lo había contado en una videoconferencia mantenida con el Columbia desde tierra 11 días antes de la tragedia: «Aquel chico, Yoachim Yosef, llegó a Israel, luchó en las guerras del país y se convirtió en un distinguido profesor de física planetaria. Esta Torah representa más que nada la habilidad del pueblo judío para sobrevivir pese a los horribles períodos y los días negros». Aunque no lo dijo entonces, el citado Yosef había sido uno de los científicos que había preparado los experimentos que Ramon realizó a bordo del transbordador.
El segundo objeto que llevaba el astronauta israelí era una fotografía de un dibujo a lápiz titulado Paisaje de la luna, obra de Peter Ginz, un niño judío que murió a los 14 años en el campo nazi de exterminio de Auschwitz. «Para Ramon, el vuelo supuso la oportunidad de rendir un homenaje en el cielo a todas las víctimas del Holocausto», ha declarado estos días Eliézer, su padre, de 79 años. Cuatro menos tiene la madre, una superviviente de Auschwitz.
Por todo ello, la tragedia de Ramon ha unido a la nación entera. Para los científicos del Instituto de Investigación Biológica, su labor resultó de un valor incalculable hasta el final. En los laboratorios y talleres del instituto se fabrica una amplia gama de armas químicas y biológicas. El plantel de científicos incluye a algunos que en el pasado trabajaron para el KGB soviético o para la Stasi (el servicio de inteligencia de la Alemania del Este). Fundado en 1952 en el interior de un pequeño búnker de hormigón, hoy día se extiende por una superficie de 10 hectáreas. Hace ya tiempo que los árboles frutales desaparecieron para ser sustituidos por una elevada muralla coronada por sensores y hay guardias armados patrullando su perímetro. El centro desapareció de la vista del público. Su dirección exacta en los suburbios de Nes Ziona ha sido borrada del listado telefónico de Tel Aviv. No aparece en los mapas y los aviones tienen prohibido sobrevolar las instalaciones. Es el segundo edificio más secreto del país. Sólo el reactor nuclear de Dimona en el desierto del Negev está rodeado de un mayor secretismo. En el directorio clasificado de las Fuerzas de Defensa Israelí (IDF), las instalaciones están escuetamente clasificadas como «suministrando servicios al Ministerio de Defensa».
Y detrás de Ramon vendrán otros, lo ha dicho Sharon: «Llegará el día en que otro astronauta israelí sea lanzado al espacio. Estoy seguro de que la memoria de Ilan Ramon, un pionero, permanecerá prendida en nuestros corazones».
Aún restan muchas preguntas por resolver. La trascendental misión de Ramon no es el único misterio que rodea al trágico fin del viaje espacial. El último jueves, soldados de la Guardia Nacional estadounidense buscaban en un pueblo de Texas, Bronson, un aparato altamente secreto que cayó del Columbia.




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