14 de enero 2008 - 00:00

Modo de socavar al Estado colombiano

Al pedirle a su par colombiano, Alvaro Uribe, y a los gobiernos del mundo entero, que dejen de calificar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y al Ejército de Liberación Nacional (ELN) como grupos terroristas y les reconozcan un estatus de fuerzas beligerantes, el presidente venezolano, Hugo Chávez, dejó al fin de lado los argumentos humanitarios y mostró su juego. Un informe de la revista «Foreign Policy» y del Fondo para la Paz de 2005 citaba a Colombia como un país con riesgo de convertirse en un «Estado fallido». Los criterios para tal calificación eran, básicamente, la pérdida de control territorial y del monopolio del uso de la fuerza por el gobierno. Si para Chávez las FARC merecen un cambio de estatus porque son un ejército y controlan parte del territorio, lo que el presidente venezolano está alentando, en realidad, es la recategorización del Estado colombiano que, de ser soberano, autónomo, con instituciones republicanas y democráticas, pasaría a ser un Estado fallido. Interesante contribución del líder bolivariano a la estabilidad e integridad del continente.

También la CIA, en sus previsiones globales para 2020, señalaba que un cierto número de países de América latina podían convertirse en Estados fallidos y regiones sin gobierno, donde se producirían un colapso de la autoridad, conflictos internos crecientes, fragmentación institucional y proliferación de poderes facciosos. Como ejemplo citaba una peligrosa ausencia de Estado en ciertos departamentos de Colombia, así como en su frontera con Venezuela.

  • Juego

  • Las declaraciones del presidente venezolano transparentan también el juego de las FARC. La guerrilla colombiana había anunciado la liberación de tres rehenes como «un gesto de desagravio» hacia su amigo bolivariano, «ofendido» por el presidente de Colombia. En realidad, se trataba de compensar el «agravio» infligido a Chávez no por Uribe, sino por los venezolanos, que le dieron la espalda a su intento de perpetuarse en el poder. Las FARC no podían permitir el debilitamiento del principal promotor internacional de su causa. Había que devolverle protagonismo a como dé lugar. Por lo tanto, antes que a un intercambio humanitario, a lo que asistimos fue a una operación de desgaste del gobierno colombiano que éste logró contrarrestar en buena medida cuando impuso sus tiempos y sus reglas, demostrando de paso que, mal que le pese a Chávez, a las FARC y a los elaboradores de previsiones globales, conserva el control de su territorio.

    El alegato chavista en favor de las FARC tropezó, además, con un imprevisto: el testimonio de las rehenes recién liberadas, Clara Rojas y Consuelo González, quienes, además de relatar las condiciones inhumanas de cautiverio de los secuestrados -encadenados día y noche desde hace años-, calificaron estas acciones como « delitos de lesa humanidad» y a las FARC como una « organización delictiva».

    El anuncio formulado por el canciller francés, Bernard Kouchner, casi en simultáneo con el exabrupto de Chávez, sobre el envío de «emisarios especiales» de su país a la selva colombiana para tomar contacto con la guerrilla implica una colusión de hecho con la estrategia del bolivariano de desconocimiento de la soberanía de Colombia. Esta coincidencia entre Venezuela --enemigo supuestamente irreductible de Estados Unidos-y Francia --hoy importante amigo de ese país-indicaría que el único aliado que tiene Uribe es la opinión pública colombiana que respalda mayoritariamente su gestión.

  • Maniobra

    Menudo problema se le presenta al gobierno argentino, que justificó su adhesión a esta campaña por razones humanitarias y, en realidad, se sumó a una maniobra que buscaba debilitar la soberanía y la integridad de otro país latinoamericano. Hoy, revelado el juego de Chávez y el de la guerrilla, falta que el kirchnerismo esclarezca el suyo. De momento, evitó definirse. «Estamos en una misión humanitaria, no en una contienda política», dijo el jefe de Gabinete, Alberto Fernández. Pero la actitud ofensivista de Chávez va dejando cada vez menos margen para la ambigüedad.

    Sin duda hay víctimas que rescatar en Colombia y derechos humanos que defender, pero si el marco político no está claro, lo humanitario se convierte en caballo de Troya de otras estrategias. Una posición clara le permitiría, por otra parte, a la Argentina compensar el deslucido papel de sus comisionados. La presidente Cristina Fernández intentó presentar la liberación de Rojas y González como una reivindicación del rol argentino, pero lo cierto es que los «extras» contaron sólo para la decoración y se enteraron del desenlace por los diarios. La prometida visita de las rehenes a la Argentina será el premio consuelo para un gobierno que hasta tuvo que reclamarle a Francia que le agradezca sus servicios ya que inicialmente Bernard Kouchner ni se dignó mencionarlo.

    Si el gobierno argentino no reacciona contundentemente ante las declaraciones de Chávez, habrá que pensar que considera el debate sobre el estatus de las FARC como un problema entre Venezuela y Colombia que no concierne ni afecta al resto de la región. O que desea sumarse a la campaña para instalar la forma jurídica de los Estados fallidos en su propio continente.
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