Los musulmanes de todo el mundo comenzaron el miércoles el mes de ayuno sagrado, el Ramadán, y algunos de ellos aprovecharon la ocasión para condenar a los activistas, cuyas campañas de violencia han repercutido negativamente en la comunidad islámica.
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Sin embargo, para millones de los fieles del Islam, el inicio del Ramadán se ha visto empañado por un sentimiento de injusticia de lo que consideran políticas antimusulmanas de los gobiernos occidentales, especialmente de Estados Unidos.
En Indonesia, el país musulmán más poblado del mundo y escenario de un devastador atentado el mes pasado que mató a más de 180 personas, muchos restaurantes permanecieron cerrados en la capital, Yakarta, y el tráfico se hizo más lento cuando comenzó el ayuno, que dura desde que sale el sol hasta que se pone.
Los salones de masaje y los clubes nocturnos cerraron para evitar ofender a los devotos y los bares sólo abren por períodos restringidos.
En la India, donde la minoría musulmana representa aproximadamente 140 millones de personas, muchas mezquitas celebraron oraciones especiales durante el inicio del Ramadán para recordar a los cientos de personas que murieron a causa de la violencia en nombre de la religión el año pasado.
"Recordamos diariamente a nuestros hermanos y hermanas que perdieron la vida durante las refriegas, pero el Ramadán es una ocasión especial para recordarles de un modo especial", dijo el muftí (intérprete de la ley musulmana) Shabir Ahmed Sidiqui, de la principal mezquita de Ahmedabad, capital comercial del estado de Gujarat.
En un comunicado de las principales organizaciones musulmanas de Australia, los líderes islámicos pidieron a "todos los extremistas del mundo" que reconsideren sus acciones puesto que estaban hiriendo al pueblo que decían representar.
"No hay postura ideológica, política, religiosa, racial o étnica que pueda hacer víctimas a los inocentes y los indefensos", dijo el comunicado.
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