31 de enero 2005 - 00:00

Opiniones del periodismo: el riesgo de una teocracia

Las elecciones de ayer en Irak despiertan tanto análisis optimistas como escépticos. Entre los primeros, el foco está puesto en que el caso iraquí se trata de un ensayo democrático excepcional en el mundo árabe, dominado mayormente por dictaduras. Entre los pesimistas, la clave está en la exclusión de los sunnitas en el armado institucional y el riesgo de un régimen teocrático, que serían ambos fuente de sangrientos enfrentamientos en el futuro. Veamos algunas de las opiniones en la prensa internacional.

•Vota por primera vez

En 1976, cuando tenía 15 años, mi hermano mayor y yo abandonamos a nuestros padres, a cuatro hermanos, a tres hermanas, a 500 primos y nuestro amado pueblo de Dargala, situado en la zona kurda de Irak, para venir a Estados Unidos.

Dejamos atrás muchos malos recuerdos, como el de tener que escondernos en cuevas heladoras en las montañas para escapar de los bombardeos del partido Baas o el de ver cómo los aviones del gobierno masacraban a la familia de nuestro tío. De lo que no guardábamos ningún recuerdo era de ver votar a alguien de nuestra familia. Los candidatos de Saddam Hussein siempre obtenían 100% de los sufragios, pero las cabinas electorales de nuestra provincia adoptaban la forma de fosas comunes.

Ayer, todos los miembros de la extensa familia que tengo en Irak votaron. Para mi padre y mi madre, que tienen 72 y 70 años, fue su primera vez. No quieren que EE.UU. fracase en su intento de llevar la democracia a Irak. Ellos y el resto de los siete millones de kurdos desean depositar su voto para construir un nuevo Irak que esté basado en los principios de la libertad.

El miércoles murieron 31 marines en el oeste de Irak tras estrellarse su helicóptero. ¿Cómo ignorar su sacrificio, el de morir para que mi familia pudiera votar?

(Bajtiar Dargali, escritor kurdo, reside en Texas, en «The New York Times».)

•Continuará violencia

Vehículos blindados Bradley en las calles, patrullas estadounidenses de a pie, policías encapuchados y enmascarados; no parece el preludio a un experimento democrático.

«Transición del poder», dice el logotipo constante de la cobertura en directo de la cadena de televisión CNN, aunque la votación sea para que un parlamento redacte una Constitución y los hombres que conformen su mayoría no vayan a ostentar ningún poder.
No tienen control sobre su petróleo ni autoridad en las calles de Bagdad -y, menos aún, en el resto del país-, ni una fuerza policial factible o leal. Su único poder es el del ejército estadounidense y el de sus 150.000 soldados.

Las grandes cadenas de televisión recibieron una lista de cinco centros electorales en los que se les permite filmar. Al mirar la lista con detenimiento, se ve que cuatro de los cinco están en áreas de musulmanes chiitas y el otro se hallaen una zona sunnita pudiente donde la participación será moderada.

La verdadera historia se encuentra fuera de la capital iraquí, en las decenas de miles de kilómetros cuadrados que quedan fuera del control del gobierno interino y fuera de la vista de los periodistas independientes, sobre todo, en las cuatro provincias musulmanas sunnitas que son el núcleo de la insurgencia iraquí.

Pero nosotros seguiremos repitiendo «democracia» y «libertad» una y otra vez; la insurgencia proseguirá y se hará más violenta, y los iraquíes seguirán muriendo. Sin embargo, habrá democracia en Irak.

(
Robert Fisk, «The Independent» de Gran Bretaña.)

•Guerra civil


Es deseable que en el futuro de Irak participen aquellos grupos étnicos que ayer pudieron haber tenido motivos para el boicot. Es el caso de los sunnitas, que representan más de 20% de la población. En estas circunstancias, no se puede infravalorar el peligro de que Irak acabe en manos de un régimen teocrático similar o peor al de Irán, en cuyo caso el fracaso de la misión democratizadora de Bush sería total.

Lo que está claro es que las fuerzas extranjeras deben concluir cuanto antes el entrenamiento del nuevo ejército iraquí. Su permanencia estimula la insurgencia y dificultaría todavía más la implicación de los sunnitas en el proceso constituyente, clave para que el laicismo se imponga a la sharia. Irak oscila hoy entre una incipiente apariencia de democracia y una guerra civil. Esperemos que los pesimistas esta vez se equivoquen.

(Editorial de
«El Mundo» de España.)

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