Nueva York (El Mundo, AFP, ASN) - Desde hace meses, en las manifestaciones y contramanifestaciones frente al cine de Times Square que batió el récord de taquilla con «La Pasión de Cristo» o en las colas a medianoche de cientos de personas sentadas en el suelo para entrar en la sala de «Fahrenheit 9/11», ya se podía percibir no sólo que estas elecciones provocarían una furia inusual, sino que, además, los contrastes viscerales no se acabarán con el cierre de las urnas. Era claro que, según el resultado, medio país se despertaría hoy, 3 de noviembre, aún más iracundo.
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La guerra cultural que proclamó el ultraconservador Pat Buchanan hace una década se ha agudizado con la vuelta del debate sobre el derecho al aborto, unido al de la investigación con células madre o el matrimonio entre homosexuales. Pero el nuevo enfrentamiento social es apenas comparable con la división sobre Irak o la lucha contra el terrorismo.
Según Thomas Patterson, experto en temas electorales, la última vez que los estadounidenses fueron a las urnas tan apasionados y divididos fue en 1968, cuando la guerra de Vietnam partió en dos a Estados Unidos. «Se puede decir que la pasión es la más fuerte que hayamos visto desde hace tres décadas», señaló.
Los analistas señalan como causas de este estado de cosas el carácter personal que tuvieronmuchos de los ataques lanzados entre ambas campañas. Para Patterson, «la guerra en Irak agravó la polarización del electorado».
De acuerdo con Karl Rove, reconocido experto en opinión pública de tendencia republicana, la culpa de esta gran división no es de George W. Bush, sino de una tendencia de fondo. Las elecciones de 2000 mostraron un electorado dividido casi exactamente por la mitad.
Acaso esto explique el tremendismo en que incurrieron algunas figuras públicas opositoras a Bush, que llegaron a prometer en las últimas semanas autoexiliarse en caso de un triunfo del republicano. «Si gana Bush, me voy a Francia», había dicho Troy Word, un fotógrafo de moda. Mientras, el principal donante individual del Partido Demócrata, George Soros, llegó a comentar que, en tal caso, se retiraría a un monasterio a reflexionar sobre «cuál es nuestro problema».
Consciente del problema, el propio John Kerry dijo a la cadena NBC en vísperas de la elección que «lo vital ahora es curar las heridas del país». Desde la vereda de enfrente se llegó a la misma conclusión, y el senador republicano John McCain también llamó a los estadounidenses a la reconciliación: «El 3 de noviembre, deberíamos hacer una pausa y reunirnos para hablar de la unidad nacional. El enemigo es Al-Qaeda, no los demócratas o los republicanos».
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