30 de marzo 2007 - 00:00

Parece fracasar blindaje de Bagdad

Bagdad (EFE, AFP, Reuters, ANSA) - Irak vivió ayer una nueva vuelta de tuerca de su guerra civil, con la muerte de al menos 121 personas en distintos atentados cometidos en Bagdad y en ciudades cercanas. Los múltiples y cruentos atentados en el área capitalina parecen poner en crisis el plan de seguridad al que apuesta la Casa Blanca para estabilizar la situación, que supone el despliegue en esa zona de 90.000 efectivos norteamericanos e iraquíes.

En el ataque más sangriento, al menos 60 civiles murieron y otras 25 personas resultaron heridas después de que un suicida hubo detonado el cinturón de explosivos que llevaba en un mercado popular en el barrio chiita de El Shaab, en el norte de Bagdad. Las autoridades no descartaron que el número de víctimas mortales aumente debido a que aún había personas debajo de los escombros.

También chiitas fueron el objetivo de una cadena de atentados con cuatro coches bomba en la población de Al-Jalis, 70 kilómetros al norte, según informaron fuentes policiales.

Tres de estos vehículos explotaron casi simultáneamente en distintos puntos de la ciudad y dejaron, según el último recuento, 47 muertos y 91 heridos. Debido a la gravedad de muchos heridos, personal médico le solicitó a la población que haga donaciones de sangre.

Fuentes policiales describieron la situación en el hospital local como caótica. «No hay medicamentos suficientes, los heridos están en el suelo de los pasillos. Debimos usar nuestras camisas como vendas», dijo un agente que pidió mantener su identidad en el anonimato.

Los ataques se sumaron a otros que habían azotado en la mañana a Bagdad y poblaciones cercanas.

Durante la jornada también se conoció que el número de muertos por un doble atentado sunita el martes en la ciudad norteña de Tel Afar ascendió a 140, contra 85 estimados inicialmente, según explicó el gobernador de la provincia de Nínive, Draid Kashmula.

En medio de las fuertes críticas por el rumbo de la guerra en Irak, Washington decidió dar luz verde en febrero a un plan de seguridad en Bagdad, la ciudad más afectada por la violencia sectaria, que cuenta con la participación de tropas estadounidenses e iraquíes. La medida, que consiste en la implementación de mayor vigilancia y más controles, es considerada la última carta del gobierno de George W. Bush para estabilizar el conflicto.

  • Coincidencia

    El recrudecimiento de la guerra coincide con la reticencia del Congreso estadounidense a permitir el envío de más tropas y con una creciente dificultad para reclutar nuevos soldados.

    Según informó el diario «The Washington Post», el ejército no podrá mantener el actual incremento de tropas en Irak si no prolonga el servicio en zona de combate de algunas brigadas más allá de un año.

    Las normas actuales de rotación de tropas estipulan, para el ejército, que los soldados no estarán más de un año en zona de combate, y no serán enviados nuevamente a la guerra al menos después de un año de descanso, instrucción y la incorporación de soldados que cubran las bajas. En enero pasado, Bush ordenó el envío de 21.500 soldados adicionales a Irak, que con la movilización adicional suman 30.000. En Irak hay ahora unos 150.000 soldados estadounidenses.

    En este marco asumió sus funciones el nuevo embajador norteamericano para Irak, Ryan C. Crocker. «En Irak, Estados Unidos debe hacer frente al más crítico de sus desafíos de política exterior», dijo Crocker en el curso de una ceremonia en la sede diplomática en el interior de la zona verde, la parte más vigilada de Bagdad. Se trata de un «desafío histórico», sostuvo el diplomático, que fue embajador en Líbano, Kuwait, Siria y Pakistán.
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