¿Ponchos Rojos, fuerza de choque de Evo Morales?

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Cuando, en la provincia de Omasuyos, en Bolivia, los aymaras se visten con ponchos rojos, eso es señal inequívoca de que están en guerra. De algún modo esos ponchos son, entonces, un símbolo de violencia. Desde hace ya muchos años. El tono de rojo elegido para confeccionarlos es el llamado «wayruru» que combina el color granada y el negro, y evoca el amanecer en el altiplano. El propio Morales recordó recientemente que esos ponchos, a su entender, son los que inspiraron el colorido uniforme del Regimiento Escolta Presidencial, Colorados de Bolivia, hace ya casi dos siglos.

En las últimas décadas, los ponchos rojos, cabe apuntar, se transformaron en un símbolo de la resistencia armada de los aymaras frente a quienes detentaban el poder político en el país. Por esto, en setiembre pasado, el vicepresidente Alvaro García Linera, que alguna vez integrara el movimiento guerrillero «Tupac Katari» (que llevaba el nombre de uno de los principales caudillos del pueblo aymara), después de recordar como él caminaba por la zona «con el fusil bajo el poncho», invitó amenazadoramente (en un encendido discurso, pronunciado también en la provincia de Omasuyos) a su audiencia, mayoritariamente aymara, a «no guardar los ponchos, porque la guerra aún no había terminado».

  • Aclaración

    Omasuyos, recordamos, fue escenario, en 2003, de duros enfrentamientos armados entre campesinos, por una parte, y la policía y el ejército de Bolivia, por la otra, que dejaron un saldo de varios muertos.

    Frente a la rápida indignación de algunos, generada por sus dichos, García Linera debió salir, precipitadamente, a aclarar que no había tenido intención alguna de provocar a nadie.

    Luego de ese episodio, los Ponchos Rojos acaban de volver a aparecer. Ataviados con ellos, Evo Morales y Alvaro García Linera concurrieron a la celebración del 181° aniversario de la creación de la provincia de Omasuyos, acompañados del comandante del ejército de Bolivia, general Freddy Bersatti, quien también lucía (sobre su uniforme militar) su propio poncho rojo.

    Luego de los tradicionales discursos, comenzó un desfile en el que, precediendo a los escuadrones militares, participaron varias columnas de aymaras con sus ponchos rojos. Algunos de ellos con máscaras negras cubriendo sus caras (cual comandos), y armados, portando mausers de 1952, casi obsoletos. Las autoridades, al verlos desfilar, desviaron sugestivamentela mirada. Como sugiriendo haber sido sorprendidos por los hechos.

    El desfile originó una inmediata reacción de los líderes del oriente del país que calificaron a los «Ponchos Rojos» de fuerzas paramilitares, advirtiendo que detrás de su reaparición está la mano del MAS, el partido de Evo Morales, hoy en el gobierno. A ello agregaron que parece «inconcebible» que los Ponchos Rojos participen en un desfile militar, justo luego de que Evo Morales hubiera, en su alocución, llamado a los aymaras a defender con sus armas, «junto al ejército», la unidad e integridad territorial de su país.

  • Desarme

    Ante esto, Morales ordenó al ejército que recupere, mediante el uso de la persuasión, las armas que están en la zona, desarmando a los Ponchos Rojos.

    En una sociedad crispada por episodios de violencia como los recientemente ocurridos en Cochabamba, este tipo de señales -que pueden tomarse como innecesarias provocaciones-podrían alentar enfrentamientos y hasta estimular en algunos la violencia.

    Lo mismo puede -desgraciadamente-concluirse de la reciente designación para la cartera ministerial de Justicia de Celima Torrico, una comunicadora social que es vicepresidente del MAS en la ciudad de Cochabamba, sindicada como una de las principales gestoras de las recientes ocupaciones de plazas y espacios públicos, y del levantamiento de cercos y barricadas que terminaron provocando una serie de violentos enfrentamientos callejeros, con un saldo de varios muertos y más de un centenar de heridos. La prudencia, la tolerancia, y el respeto deben siempre conformar el andar de los gobernantes. Los hechos sugieren que eso no es necesariamente siempre así en todas partes.
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