1 de septiembre 2005 - 00:00

Por miedo a atentado, murieron en estampida más de mil iraquíes

La cantidad de calzado abandonado por las víctimas de la estampida de ayer en Bagdad da una idea de la magnitud de la tragedia que se vivió.
La cantidad de calzado abandonado por las víctimas de la estampida de ayer en Bagdad da una idea de la magnitud de la tragedia que se vivió.
Bagdad (EFE, ANSA, AFP, Reuters) - Una de las principales fiestas chiitas de Irak se tiñó ayer de sangre y se convirtió en una de las peores tragedias sufridas por el país al morir más de un millar de peregrinos en una avalancha en un puente de Bagdad.

Según las últimas cifras difundidas por el Ministerio de Interior iraquí, 1.030 personas murieron y 322 resultaron heridas por un avalancha de peregrinos que se dirigían a la mezquita del imán Mussa al-Kadem, tercer santuario más sagrado para los chiitas en Bagdad, hacia donde peregrinaban un millón de fieles. Sin embargo, fuentes extraoficiales arriesgaban que la cifra de víctimas fatales pasaría de mil.

La trágica avalancha se debió al pánico desatado por rumores sobre la existencia de un atacante suicida en la peregrinación.


El presidente iraquí, Jalal Talabani, acusó al jordano Abu Mussab al-Zarqawi -a quien Washington considera líder de Al-Qaeda en el país-por la estampida. «Detrás del ataque con morteros, que causó el pánico entre la multitud, está el terrorista Al-Zaraqwi, un criminal que atiza la hostilidad religiosa en Irak», dijo con indignación.

Talabani hacía referencia al ataque con morteros ocurrido en realidad un par de horas antes de la avalancha contra algunas casas cercanas a la mezquita del imán Mussa al-Kadem, en el barrio que lleva su nombre, y detrás de una «hussaynieh» (lugar de plegaria chiita).

Siete personas murieron y otras 36 fueron heridas en el ataque reivindicado por un grupo sunnita poco conocido, el Ejército de la Secta Victoriosa (Jaish al-Taefa al-Mansura). En un mensaje divulgado por Internet, el grupo afirma que disparó con morteros y misiles contra una reunión de « apóstatas» en Kadhimiya.

Pese a esas acusaciones, el gobierno iraquí pareció dividirse dramáticamente a raíz del episodio. El ministro de Salud, Abdel Muttaleb Mohammed Ali, próximo al movimiento del jefe chiita extremista Moqtada al-Sadr, pidió públicamente la renuncia de sus homólogos de Interior y de Defensa, responsabilizándolos del pánico mortal en Bagdad. Sin embargo, el ministro del Interior, Bayan Jabor, aseguró que sus fuerzas no eran responsables del sector donde se produjo el drama, el cual estaba bajo la responsabilidad, según él, del titular de Defensa, un sunnita, Saadun al-Dulaimi. Estados Unidos dijo « lamentar profundamente» la tragedia y refirmó su confianza en que el gobierno iraquí logre controlar la situación.

La avalancha ocurrió mientras la procesión atravesaba el puente para dirigirse a la mezquita sagrada con el fin de celebrar el aniversario de la muerte de Mussa al-Kadem, el octavo de los 12 imanes de los chiitas.
Mientras los fieles estaban sobre el puente se difundió la versión de que un terrorista suicida, o más de uno, estaba entre la multitud. Esa versión desencadenó el pánico y los peregrinos comenzaron a empujar para intentar escapar, pero las vallas del puente cedieron y centenares se precipitaron sobre el río Tigris o sobre los terraplenes de cemento.

• Mujeres y niños

Se trata de la peor tragedia ocurrida en Irak en las últimas décadas y la mayoría de sus víctimas son mujeres y niños, se informó.

Para el ministro del Interior, «un extremista» lanzó el rumor sobre la presencia de un kamikaze entre los chiitas. «Lo que sucedió es que la gente comenzó a empujar y a correr luego de que un terrorista esparció la voz de que había un terrorista suicida entre la multitud», dijo a la televisión estatal.

Por su parte, el primer ministro,
Ibrahim Jaafari, decretó tres días de luto nacional en el país, informaron fuentes oficiales.

En un hospital cercano, decenas y decenas de cuerpos fueron alineados en los corredores, en el jardín, en el ingreso, en las salas. Todos los nosocomios de Bagdad quedaron colapsados al recibir la inusual cantidad de muertos y heridos.

Más cadáveres habían sido colocados sobre la ribera del Tigris, bajo el puente, uno al lado del otro.

Pese a culpar al terrorista Al-Zarqawi, el propio Talabani admitió que hubo fallas en la organización de la marcha. Según el mandatario, «hubo varios errores. En adelante tomaremos medidas para no repetirlos».

El ministro de Defensa iraquí remarcó que la avalancha no está relacionada con las tensiones étnicoreligiosas del país,
una declaración destinada a evitar una nueva y aun más trágica cadena de represalias.

• Asesinados

«Lo que sucedió no tiene relación alguna con las tensiones sectarias», dijo el ministro en un programa televisivo.

«Sólo las siete víctimas de esta mañana fueron asesinadas por terroristas», agregó, en alusión al ataque con morteros.

Los ulema de Falluja, bastión sunnita al oeste de Bagdad, expresaron su solidaridadcon las víctimas de la avalancha. Centenares de habitantes de la ciudad se acercaron a la mezquita para ofrecerse como dadores de sangre.

Además del ataque con morteros y la avalancha,
25 personas más murieron ayer durante la peregrinación chiita debido a un «envenenamiento alimentario deliberado», según un reporte de los servicios de seguridad.

El ministro de Salud destacó que las autoridades habían advertido «contra el consumo de alimentos ofrecidos por desconocidos» durante la procesión.

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